Viernes Santo:
Sacrificio de Solidaridad y Amor
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Objetivo: Llevar al joven a entender el sacrificio que hizo Jesús por nosotros sus hermanos y a su vez entendido este sacrificio asuma una actitud militante de solidaridad al trabajo para la construcción de la Civilización del Amor.
Frase del Día: “Con Cristo con él y en él”.
q Oración Inicial: (Dinámica Oración “Yo en su cruz”)
A. Desarrollo de la Oración
Se le pedirá al joven en su grupo que se pongan de pie y que asuma una actitud de oración. Luego sé proceder a comenzar la oración (se sugiere que halla una música instrumental de fondo) comenzada la oración en el segundo párrafo se le pedirá al joven que extienda sus brazos en forma de “cruz”, esto como muestra de solidaridad con el gesto que hizo Jesús en la “cruz”. Luego se terminará la oración y permanecerán en silencio por algunos minutos en señal de luto.
Hemos escuchado Señor
la voz de tu hijo que nos invita a seguirle
y nosotros los jóvenes le hemos dicho que si.
Nos hemos ido con Él,
a buscar un mundo nuevo
donde habite la justicia, la paz y la solidaridad.
Él nos ha recibido, Señor, en su compañía
y por esto te llamamos Padre.
Y por eso aquí, contigo, en la confianza
se nos suelta la lengua y te decimos
nuestra alegría que es nuestro temor
es la alegría de ser tus hijos
y el temor de no serlo lo bastante todavía.
Para buscar tu reino les que queremos vivir
por que es tu amor el que nos hace atentos.
Queremos vivir en obediencia a tu voz
que nos dice tiernamente “Ven”
y que cuando nos ha convertido nos dice
“Ven a mi amado pueblo”
Señor, como queremos obedecer,
te pedimos capacidad
para escuchar no solo el clamor de los oprimidos,
si no las voces de todo tu pueblo joven
que nos señala caminos nuevos.
Líbranos de la tentación de encerrarnos
en ideologías autosuficientes
en grupos de clarividentes
o de hacer tu Evangelio un recetario
que nos dispensara del esfuerzo de oír,
aprender y ensayar todos los días de mi vida.
Que nunca nos falte el amor
para mantenernos erguidos
frente a las amenazas y seducciones
de los enemigos de tu pueblo joven.
Que nunca nos falte amor para escuchar con respeto
las voces juveniles de nuestro pueblo.
Y que siempre mantengamos abierto
la puerta más secreta de nuestro corazón
para escuchar tu voz Jesús.
Así sea Amén.
q Sentido del Viernes Santo
En este día empezamos propiamente la celebración de la Pascua. La palabra Pascuas, significa “Paso” el tránsito de nuestro hermano Jesús de la muerte a una nueva vida. Hoy comenzamos con el primer acto de ese paso, te invito a que seas partícipe.
Como sabemos no es correcto el quedarse solo con el aspecto de la muerte de Jesús (como lo hacen algunas formas populares), ni tampoco lo es el celebrar solo la Resurrección de Jesús, olvidándonos el paso de la muerte. Ambos aspectos se celebran con una gran unidad: la memoria de la muerte, hoy está llena de una gran esperanza y de importantes victorias, mientras que la Vigilia Pascual de mañana no solo recordará la Resurrección, si no todo el dinamismo y triunfo de Jesús de su paso de la muerte a la vida.
En el día destacaremos el:
q Caminar con Cristo y como Cristo
Que va hacia la muerte con actitud de perdón, amor y solidaridad y recorremos con Él su camino a la cruz. Y durante la tarde destacaremos esos momentos culminantes en:
q La lectura de la pasión
Este debe ser nuestro centro de Celebración para este día. Nosotros le vamos a dar mucha importancia, ya que todos los siguientes momentos los incluiremos dentro de la lectura de la Pasión.
q La adoración de la Cruz
Es un momento importante donde la comunidad cristiana expresa sus sentimientos al contemplar y adorar la “Cruz” como principio de la Pascua. El beso que se le da a la “Cruz” es el signo vivo y palpable de nuestra respuesta de amor hacia aquel que es amor y que por amor dio su vida por nosotros.
q La oración universal
Es en la que el pueblo, ejercitando su oficio sacerdotal ruega por todos los hombres y mujeres del mundo. Hoy es el día en el que el pueblo participa de ese sacerdocio de su Señor e interceden por las grandes intenciones de la Iglesia, de la humanidad y del grupo.
“Cristo Nuestra Pascua ha sido Inmolado” dirá el Prefacio Pascual. Este día está centrado todo en la Cruz del Señor. Pero no con aires de tristeza, si o con muchos aires de Celebración. Es el momento en que la Comunidad Cristiana proclama La Pasión del Señor y ahora su Cruz, como el primer acto del Misterio Pascual.
“Si alguno quiere seguirme, que se niegue a sí mismo, tome su Cruz y sígame.”
Mc. 8,34
q Ayuno Comunitario
A. Sentido del Ayuno Comunitario
“La Cuaresma es la época de la gran llamada a todo el pueblo de Dios para que se deje purificar y santificar por su Servidor y Señor” (Nuevo Diccionario de Liturgia). Con esto en mente y corazón, seamos dóciles a las direcciones y llamado que Dios nos hace en este tiempo litúrgico y esforcémonos en crecer en virtudes.
Es la Cuaresma y Semana Santa que debemos empeñarnos aún más en mejorar nuestra relación con Dios y nuestros semejantes. Debemos por tanto orar con mayor frecuencia e intensidad, escuchar, estudiar y meditar con mayor cuidado la palabra de Dios, ayunar y realizar sacrificios conforme a nuestra situación de vida y salud, y realizar obras de caridad. Al respecto nos dice Juan Pablo II que: “con ocasión de la Cuaresma se invita a todos; ricos y pobres a hacer presente el amor de Cristo con obras generosas de caridad”
Este es una época de conversión, renovación y crecimiento espiritual para todos los fieles. Aceptemos el reto de ser cristianos verdaderos que vivimos con alegría y convicción nuestra Fe. Vivamos el compromiso de amor y caridad para con nuestros hermanos. Oremos con sencillez y sirvamos a los demás con humildad. Cristo está en los que sufren, Él nos llama cada vez que los hambrientos nos piden pan, Él nos invita a que seamos la voz de los sin voz y seamos instrumento de justicia para los despojados. Recordando siempre que “ la justicia es madre y conservadora de la paz y tranquilidad” (Directorio Carmelita de Vida Espiritual) y que para poder crecer en esta virtud debemos trabajar arduamente por arrancar de nuestras almas la ambición desmedida, la envidia, el odio, el apego desordenado a las cosas temporales y el celo inmoderado. La perfección de la justicia se logra a través de la oración, la abnegación cristiana y la práctica de la caridad. Abandonémonos en el corazón de Cristo y seamos dóciles a su llamado, solo así creceremos en gracia y virtudes para mayor gloria de Dios, santificación de su Iglesia y salvación de las almas.
Tomado del libro “siembra justicia cosecha solidaridad”
“Guerra contra el hambre 2001”
B. Desarrollo del Ayuno Comunitario
Se Procederá a pedirle a los jóvenes que se acomoden en forma de círculo. Luego se le pedirá que por algunos instantes piensen cuantas veces ellos han desperdiciado los alientos que se les han ofrecido, luego se le hablará de la difícil situación en la que viven millones de personas alrededor del mundo y por medio de la siguiente pregunta se pondrá al joven a reflexionar sobre su procesión ante esta situación, la pregunta es: ¿Qué estamos dispuestos a hacer para ayudar en esta situación? Por medio de esta pregunta se exhorta al joven a tomar una postura de compromiso ante este problema. Se sugiere que después de este momento el grupo haga el compromiso de recoger una cuota especial destinada a la gente pobre, tanto fuera como dentro de nuestro país. Siguiendo con el ayuno se le entregará un vaso de agua y un pequeño pedazo de pan como símbolo de solidaridad con aquellos que lo único que consumen es eso o mucho menos. Luego se guardará silencio y el animador que este moderando terminará este momento con una oración espontánea que vaya de acuerdo con el momento.
C. Explicación del Ayuno Comunitario
Con este momento pretendemos que los jóvenes creen una conciencia más fuerte y solidaria para con nuestros hermanos más necesitados, también con este momento pretendemos que se creen grupos con iniciativas que combatan poco a poco y dentro de su realidad la pobreza, no pensando en lugares lejos y remotos, si no empezando aquí en nuestra propia tierra y con nuestros hermanos.
A. Desarrollo de la narración
Se sugiere que sea en un lugar oscuro y que los jóvenes estén en una actitud de reflexión, también se sugiere una música instrumental de fondo y si es posible que los jóvenes tengan los ojos vendados. La narración se llevará a cabo de forma pausada y se sugiere que sea lo más real posible (se sugiere que sea grabada en “casete” con efectos especiales) durante el momento de reflexionan los animadores mantendrán el orden y la disciplina. Luego de terminada la reflexión se les pedirá a los jóvenes que habrán sus ojos en esos momentos se paseará a uno de los animadores vestido de Jesús con su cuerpo maltratado el cual se pondrá en un sepulcro en un lugar ya preparado visible, mientras al otro lado se tendrá una cruz tamaño real con sus clavos puestos y la corona de espinas (la cruz debe dar la impresión de que Jesús estuvo ahí o sea debe estar ensangrentada). Luego de esto uno de los animadores les dirán a los jóvenes que miren y mediten ambas escenas luego permanecerán en silencio por algunos minutos en señal de luto, luego pasaran a la división de grupo.
El primer día de las Fiesta en que se comía el pan sin levadura, los discípulos se acercaron a Jesús y le dijeron: ¿Dónde quieres que preparemos la comida de Pascua? Entonces Jesús mando a dos de sus discípulos y les dijo “Vayan ala ciudad y les saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua. Síganlo hasta la casa en que entre y digan al dueño: El Maestro dice ¿Donde esta mi pieza, en que podré comer la Pascua con mis discípulos? Los discípulos hicieron tal como Jesús les había ordenado y prepararon la pascua. Llegada la tarde, Jesús se sentó a la mesa con los doce. Y mientras comían les dijo: En verdad les digo uno de ustedes me va a traicionar. Se sintieron profundamente afligidos, y uno a uno comenzaron a preguntarle: ¿Seré yo Señor? Él contestó: El que me va a entregar es uno de los que mojan su pan conmigo en el plato. El Hijo del Hombre se va, como dicen las Escrituras pero pobre de aquel que entregue el Hijo del Hombre sería mejor para el no haber nacido. Judas el que lo iba a entregar le preguntó también: ¿Seré yo acaso Maestro? Jesús respondió: Tú lo has dicho.
Mientras comían Jesús tomó pan pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos diciendo: Tomen y coman este es mi cuerpo, después tomó una copa, dio gracias y se la pasó diciendo: beban todos de ella esto es mi sangre, la sangre de la Alianza Nueva y Eterna que es derramada por una muchedumbre para el perdón de sus pecados. Y les digo que desde ahora no volveré a beber del zumo de cepas, hasta el día que lo bebe de nuevo con ustedes en el Reino de mi Padre.
Después de cantar los salmos partieron para el monte de los olivos, entonces Jesús les dijo: Todos ustedes caerán esta noche ya no sabrán que pensar de mí. Pues dice la Escritura: Heriré al pastor y se dispersará en las ovejas. Pero después de mi resurrección iré delante de ustedes a Galilea. Pedro empezó a decirle: Aunque todos tropiecen yo nunca dudaré de ti. Jesús le replicó: Yo te aseguro que esta misma noche antes de que cante al gallo, me habrás negado tres veces. Pedro insistió: Aunque tenga que morir contigo jamás te negaré. Y los demás discípulos le aseguraban lo mismo.
Llegó Jesús con ello a un lugar llamado Getsemaní y dijo a sus discípulos: Oren para que no caigan en tentación. Después se alejó de ellos como a la distancia de un tiero de piedra y doblando las rodillas hasta caer al suelo oraba con estas palabras: Padre, si quieres, aparta de mi esta copa pero que no se haga mi voluntad sino la tuya. Entonces se le apareció un ángel del cielo para animarlo. Entro en agonía y oraba con mayor insistencia. Su sudor se convirtió en gotas de sangre que caían hasta el suelo. Volvió donde sus discípulos, los halló dormidos y dijo a Pedro: ¿De modo que no pudieron permanecer despiertos conmigo? Estén despiertos y recen para que no caigan en la tentación. Pues el espíritu es animoso pero la carne es débil. De nuevo se apartó por segunda vez a orar. Padre: si esta copa no puede ser apartada de mí sin que yo la beba que se haga tu voluntad. Volvió otra ves donde los discípulos y los encontró dormidos, pues se les cerraban los ojos del sueño. Los dejó pues y fue de nuevo a orar por tercera vez repitiendo las mismas palabras. Entonces volvió donde los discípulos y dijo: Ahora pueden dormir y descansa. Ha llegado la hora y el Hijo del Hombre es entregado en manos de pecadores. Levántense vamos el traidor está a punto de llegar. Estaba todavía hablando cuando llegó Judas, uno de los doce. Iba acompañado de una chusma armada con espadas y garrotes, enviada por los jefes de los sacerdotes y por las autoridades judías. El traidor les había dado esta señal al que yo dé un beso ese es, arréstenlo. Se fue directamente donde Jesús y le dijo: Buenas noches Maestro. Y le dio un beso. Jesús le dijo: Amigo has lo que vienes a hacer. Entonces se aceraron a Jesús y lo arrestaron los que andaban con Jesús vieron lo que iba a pasar, le preguntaron: ¿Maestro, sacamos las espadas? Y uno de ellos hirió al servidor del sumo sacerdote, cortándole la oreja derecha. Pero Jesús le dijo: Basta ya. Y tocando la oreja del hombre lo sanó. Entonces Jesús dijo: “Vuelve la espada a su sitio, pues quién usa la espada perecerá por la espada. ¿No sabes que podría invocar a mi Padre y él al momento me mandaría más de doce ejércitos de ángeles? Pero así habría de suceder y tiene que cumplirse las Escrituras.”
En ese momento Jesús dijo a la gente: “A lo mejor buscan a un ladrón y por eso salieron a detenerme con espadas y palos. Yo sin embargo, me sentaba diariamente entre ustedes en el templo para enseñar y nunca me detuvieron. Pero todo ha pasado para que así se cumpliera lo escrito por los Profetas”. Entonces todos los discípulos abandonaron a Jesús y huyeron.
Los que tomaron preso a Jesús lo llevaron a casa del sumo sacerdote Caifás, donde se habían reunido los maestros de la ley y las autoridades judías, Pedro lo iba siguiendo de lejos, hasta llegar al palacio del sumo sacerdote. Entró en el patio y se sentó con los policías del templo para ver en que terminaba todo.
Los jefes de los sacerdotes y el Consejo Supremo andaban buscando alguna declaración falsa contra Jesús, para poderlo condenar a muerte. Pero pasaban los falsos testigos y no se encontraba nada. En fin llegaron dos, que declararon: “Este hombre dijo: Yo soy capaz de destruir el Templo de Dios y de reconstruirlo en tres días.”
Entonces el sumo sacerdote se puso de pie y preguntó a Jesús: “¿No tienes nada que responder? ¿Qué es esto que declaran en contra tuya?” Pero Jesús se quedó callado.
Entonces el sumo sacerdote le dijo: “En el nombre de Dios vivo te ordeno que nos contestes: ¿Eres tú el Mesías, el Hijo de Dios?” Jesús le respondió: “Así es, tal como tú lo has dicho. Y yo les digo más: a partir de ahora ustedes contemplarán al Hijo del Hombre sentando a la derecha del Dios Todopoderoso, y lo verán venir sobre las nubes del cielo.”
Entonces el sumo sacerdote se rasgó las ropas, diciendo: “¡Ha blasfemado! ¿Para qué necesitamos más testigos? Ustedes mismos acaban de oír estas palabras blasfemas. ¿Qué deciden ustedes?” Ellos contestaron: “¡Merece la muerte!”
Luego comenzaron a escupirle en la cara y a darle bofetadas, mientras otros lo golpeaban diciéndole: “Mesías, ¡adivina quién te pegó!”
Mientras Pedro estaba sentado fuera, en el patio, se le acercó una sirvienta de la casa y le dijo: “Tú también estabas con Jesús de Galilea.” Pero él lo negó delante de todos, diciendo: “No sé de qué estás habando.”
Y como Pedro se dirigiera hacia la salida, lo vio otra sirvienta, que dijo a los presentes: “Este hombre andaba con Jesús de Nazaret.”
Pedro lo negó por segunda vez, jurando: “Yo no conozco a ese hombre.”
Un poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron a Pedro: “Sin duda que eres uno de los galileos: se nota por tu modo de hablar.” Entonces Pedro empezó a proferir maldiciones y a afirmar con juramento que no conocía a aquel hombre. Y en aquel mismo momento cantó un gallo.
Entonces Pedro se acordó de las palabras que Jesús le había dicho: “Antes de que cante el gallo me negarás tres veces”. Y saliendo fuera, lloró amargamente.
Al amanecer, todos los jefes de los sacerdotes y las autoridades judías celebraron una reunión para decidir la manera de hacer morir a Jesús. Luego lo ataron y lo llevaron para entregárselo a Pilato, el gobernador.
Cuando Judas, el traidor, supo que Jesús había sido condenado, se llenó de remordimientos y devolvió las treinta monedas de plata a los jefes de los sacerdotes y a los jefes judíos. Les dijo: “He pecado: he entregado a la muerte a un inocente.” Ellos le contestaron: “¿Qué nos importa eso a nosotros? Es asunto tuyo.” Entonces él, arrojando las monedas en el Templo, se marchó y fue a ahorcarse.
Los jefes de los sacerdotes recogieron las monedas, pero dijeron: “No se puede echar este dinero en el tesoro del Templo, porque es precio de sangre.” Entonces se pusieron de acuerdo para comprar con aquel dinero el Campo del Alfarero y lo destinaron para cementerio de extranjeros. Por eso ese lugar es llamado Campo de Sangre hasta el día de hoy.
Así se cumplió lo que había dicho el profeta Jeremías: Tomaron las treinta monedas de plata, que fue el precio en que lo tasaron los hijos de Israel, y las dieron por el Campo del Alfarero, tal como el Señor me lo ordenó.
Jesús compareció ante el gobernador, y ése comenzó a interrogarlo. Le preguntó: “¿Eres tú el rey de los judíos?” Jesús le contestó: “Tú eres el que los dice.”
Los jefes de los sacerdotes y las autoridades judías lo acusaban, pero Jesús no contestó nada. Pilato le dijo: “¿No oyes todos los cargos que presentan contra ti? Pero Jesús no dijo ni una palabra, de modo que el gobernador se sorprendió mucho.
Con ocasión de la Pascua, el gobernador tenía la costumbre de dejar en libertad a un condenado, a elección de la gente. De hecho el pueblo tenía entonces un detenido famoso, llamado Barrabas. Cuándo se juntó toda la gente, Pilato les dijo ¿A quién quieren que deje libre, a Barrabas o a Jesús, llamado el Cristo?” Porque sabían que le habían entregado a Jesús por envidia.
Mientras Pilato estaba en el tribunal, su mujer le mandó a decir: “No te metas con ese hombre porque es un santo, y anoche tuve un sueño horrible por causa de él.”
Mientras tanto, los jefes de los sacerdotes y los jefes de los judíos persuadieron al gentío a que pidieran la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. Cuando el gobernador volvió a preguntarles: “¿A cuál de los dos quieren que les suelte?”, Ellos contestaron: “A Barrabás”. Pilato les dijo: “¿Y qué hago con Jesús, llamado el Cristo?” Todos contestaron: “¡Crucifícalo!” Pilato insistió: “¿Qué ha hecho de malo?” Pero ellos gritaban cada vez con más fuerza: “¡Que sea crucificado!”
Al darse cuenta Pilato de que no conseguía nada, sino que más bien aumentaba el alboroto, pidió agua y se lavó las manos delante del pueblo. Y les dijo: “Ustedes responderán por su sangre, yo no tengo la culpa.” Y todo el pueblo contestó: “Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos.”
Entonces Pilato les soltó a Barrabás. Mandó a azotar a Jesús y lo entregó a los que debían crucificarlo.
Los soldados romanos llevaron a Jesús al patio del palacio y reunieron a toda la tropa en torno a él. Le quitaron sus vestidos y le pusieron una capa de soldado de color rojo. Después le colocaron en la cabeza una corona que habían trenzado con espinos y en la mano derecha le pusieron una caña. Doblaban la rodilla ante Jesús y se burlaban de él, diciendo: “¡Viva el rey de los judíos!” Le escupían en la cara y con la caña le golpean en la cabeza.
Cuando terminaron de burlarse de él, le quitaron la capa de soldado, le pusieron de nuevo sus ropas y lo llevaron a crucificar.
Por el camino se encontraron con un hombre de Cirene, llamado Simón, y le obligaron a que cargara con la cruz de Jesús. Cuando llegaron al lugar que se llama Gólgota (o Calvario), o sea, “calavera”, le dieron a beber vino mezclado con hiel, Jesús lo probó, pero no lo quiso beber.
Allí lo crucificaron y después se repartieron entre ellos la ropa de Jesús, echándola a suertes. Luego se sentaron a vigilarlo. Encima de su cabeza habían puesto un letrero con el motivo de su condena, en el que se leía: “Este es Jesús, el rey de los judíos.” También crucificaron con él a dos ladrones, uno a su derecha y el otro a su izquierda.
Los que pasaban por allí lo insultaban; movían la cabeza y decían: “¡Vaya! ¡Tú que destruyes el Templo y lo levantas de nuevo en tres días! Si eres el Hijo de Dios, libérate del suplicio y baja de la cruz.
Los jefes de los sacerdotes, los jefes de los judíos y los maestros de la Ley también se burlaban de él. Decían: “¡Ha salvado a otros y no es capaz de salvarse a sí mismo!” ¡Que baje de la cruz el Rey de Israel y creeremos en él! Ha puesto su confianza en Dios. Si Dios lo ama, que los salve, pues él mismo dijo: Soy hijo de Dios.”
Hasta los ladrones que habían sido crucificados con él lo insultaban.
Desde el mediodía hasta las tres de la tarde todo el país se cubrió de tinieblas. A eso de las tres, Jesús gritó con fuerza: Elí, Elí, lamá sabatani, que quiere decir: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” Al oírlo, algunos de los presentes decían: “Está llamando a Elías.” Uno de ellos corrió, tomó una esponja, la empapó en vinagre la puso en la punta de una caña para darle de beber.
Los otros le decían: “Déjalo, veamos si viene Elías a salvarlo.”
Pero nuevamente Jesús dio un fuerte grito y entregó su espíritu.
En ese mismo instante la cortina del Santuario se rasgó de arriba a bajo, en dos partes. La tierra tembló, las rocas se partieron, los sepulcros se abrieron y resucitaron varias personas santas que habían llegado ya al descanso.
Estas salieron de las sepulturas después de la resurrección de Jesús, fueron a la Ciudad Santa y se aparecieron a mucha gente.
El capitán y los soldados que custodiaban a Jesús, al ver el temblor y todo lo que estaba pasando, se llenaron de terror y decían: “Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios.”
También estaban allí, observándolo todo, algunas mujeres que desde Galilea habían seguido a Jesús para servirlo. Entre ellas estaban María Magdalena, María, madre de Santiago y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo.
Siendo ya tarde, llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también se había hecho discípulo de Jesús. Se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús, y el gobernador ordenó que se los entregaran. José tomó entonces el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia y lo colocó en el sepulcro nuevo que se había hecho excavar en la roca. Después hizo rodar una gran piedra sobre la entrada del sepulcro y se fue. Mientras tanto María Magdalena y la otra María estaban allí, sentadas frente al sepulcro.
q División de Grupos
(Se sacaran momentos de la narración para contestar la pregunta.)
Pregunta
¿Qué estaba pasando por la mente de Jesús en ese momento?
q Iluminación
Se utilizará la reflexión: “Regalo de Amor hasta el Extremo”; tomada el Libro: “Regalos del Corazón”, páginas 17-21.
- El misterio pascual constituye el centro de la predicación apostólica. La pasión, muerte y sepultura, la resurrección y ascensión de Jesús de Nazaret es el horizonte sobre el cual la naciente iglesia comienza a caminar.
Me lo contaron ayer. Ocurre en la estación del metro de Nueva York. Es temprano. Una mamá ha dejado a su niñito de cinco años solito, esperando el metro que lo lleva a la escuela. La mamá le dio un beso y se tuvo que ir en otra dirección a su trabajo. El niñito ya estaba acostumbrado. Estaba solito y tenía el cordón del zapato derecho suelto. Un hombre bien vestido se acerca al muchachito. Hinca su rodilla derecha en el suelo y se abaja para atarle el cordoncito suelto. Lo hace con mucha ternura. El niñito le mira y le dice: “Señor, señor, ¿es usted Jesús?” El hombre levanta sus ojos y mira los del niño. Se le caen unos lagrimones que no le importa controlar. Llega el tren. El niño se va. Y el “señor” se ha levantado, siente en su corazón una ternura increíble. Alguien, gratuitamente ha tocado su corazón. El “señor” es alguien rico que está a punto de suicidarse. Pero desde ese momento del encuentro con “un niño”, su vida ha cambiado. Desde ese momento se sentirá amado por Jesús. Y quiere entregar su vida y su dinero a los niños abandonados. Su vida tiene sentido. Porque ha descubierto, por fin, que ha sido llamado por Dios a vivir y no a morir; ha sido llamado a hacer presente a Jesús hoy con su amor generoso. Desde hoy será…¿será qué?...será Jesús.
Nadie como un niño tiene la experiencia del amor gratuito. Todo le es dado sin que “compre” nada. Un niño es un milagro del amor puro, desinteresado. Todo lo recibe. Y ese mamoncito, como dicen en Costa Rica, ha sabido crecer regalado día a día, por la ternura de una madre que sólo tiene ojos y manos para él. Pero el amor gratuito es posible descubrirlo cuando tenemos el corazón limpio y puro de un niño. Jesús dice que “los limpios de corazón verán a Dios”. Y Dios no es sino un Ser que ama y un Ser que quiere ser amado. Lo de Dios es dar amor y recibir amor. Es un misterio entrañable de verdad y pureza. El amor regalado se aprende cuando en la vida “nos han regalado”, cuando hemos crecido en un ambiente familiar, sobre todo, donde el clima era el amor. Por el amor “saca amor”. Necesito un corazón de niño; un corazón de alguien necesitado que busca ser regalado, sin merecer nada, sino por la bondad desbordante de los otros. ¡Es bello recibir sin nada merecer! ¿Acaso el amor se merece?
Hay regalos grandes; regalos que nos abruman. Hace un mes, Miguel me regaló algo hecho por él. Pintó en un retiro espiritual, en ese tiempo de descanso después de comer, una frase sobre plástico duro. Al regalármela me dijo: “Y ahora no se la regale a nadie, ni la deje por ahí perdida.” Era la frase que había interiorizado antes: “En tu nombre, Señor, echaré las redes”. No; no regalaré esa frase, Miguel; no quiero que “rompamos” nuestra amistad por nada. Y hace tres semanas, en otro retiro, también de jóvenes, una chica se acercó y me dijo: “Le regalo esta estampa de santa Teresita. No me importa que usted luego se la regale a alguien”. Ya lo he hecho. Porque Teresita me ha enseñado a “pasar su cielo haciendo bien en la tierra”; me ha enseñado a “enviar una lluvia de rosas”. Algunas de ellas me han caído en el corazón. Y yo también las hago llover sobre otras personas. Regalar supone tener sensibilidad humana y divina; regalar es querer alegrar la vida de quien amas.
El amor se hace verdadero en los pequeños detalles. En el pormenor está la grandeza del corazón. Pero en la vida también se hacen presentes los momentos especiales, únicos del “amor fuerte, del amor gigante”. Es donde realmente se prueba la verdad del amor. Y esos momentos de purificación del amor, para que sea más auténtico, tienen que ser aprendidos. He encontrado la “fuente inagotable” de ese amor vigoroso. En la cruz. No tiene otro sentido el Cristo crucificado que el expresarnos el “amor hasta el extremo”. Un amor que no tiene medida; un amor que se estira abriendo los brazos, de par en par, para que todos entremos en ese abismo de amor entrañable. Porque Cristo crucificado es el gran Regalo del amor del Padre a los hombre. Es su corazón abierto de oriente a ocaso, diciéndonos: “Así los quiero”. Porque nos entregó lo que más amaba, su querido y único Hijo.
Desconcierta y seduce ver a Jesús colgado de un madero como un maldito; un marginado, un rechazado, un excluido. Y nos sigue queriendo. Desconcierta verle condenado como un blasfemo, enemigo de Dios, y como un subversivo; y nos sigue acogiendo a nosotros, enfermos y pecadores. Desconcierta verle colgado del madero como un endemoniado, un comilón y borracho, como un desequilibrado mental; y sigue amándonos en silencio, como si nada pasara. Desconcierta verle hecho pecado, cargando con la basura de nuestros corazones y apretarnos contra el suyo para curar nuestras heridas y sanar nuestras llagas. Es un hombre de amor herido. Desconcierta verle fiel a l amor del Padre y al amor hacia la humanidad, hasta que ya no salga una gota más de su sangre. Es un amor loco, desbordante, fiel.
Jesús me ha regalado, muriendo como un grano de trigo, pero dándome su vida en abundancia. Nadie le forzó a subir a la cruz; subió por su propio pie, impulsado por el Espíritu de amor. Se ha dejado despellejar, despedazar, romper la piel y el corazón para sacarme de la fosa del pecado. Se ha dejado atravesar las manos y los pies con duros clavos para decirme que, aunque yo no quiera nada con Él, Él sí lo quiere todo conmigo, y se clama al madero por mí. Se ha dejado rasgar el pecho por la lanza del soldado, con violencia y prepotencia, y de su corazón llagado, sale sangre y agua. Es su amor, es su vida, es su gratuidad la que brota del golpe. Y me siento mojado, salpicado encharcado por esa sangre que libera, salva, reconforta y transforma. Si no amo al Amor llagado, soy ciego; si no amo al Amor sacrificado, soy un duro de corazón. Y el amor necesita ser amado.
No hay prueba de mayor amor que permanecer firmes en este compromiso con la persona amada. El amor se enraíza en el amado. Jesús en la cruz, sí que es Jesús. Y hace algo más que atarnos los cordones del zapato. Yo creo en alguien desinteresadamente, se ha dejado crucificar, hundir, aplastar por mí. ¿Necesito más pruebas para convencerme del amor que Dios me tiene? Jesús en la cruz es la gran revelación, la gran epifanía de que Dios es amigo de los hombres, que le importamos mucho, que se interesa pro nosotros. Es el verdadero icono de un Dios que está loco por los hombres. No intenta demostrarnos nada; lo que quiere es mostrarnos su amor con obras. Ante ese Regalo de amor, ante esta Verdad única de amor, siento que mi corazón dice: “Gracias, gracias por responder a mi ofensa con tanta ternura. Gracias, porque irremediablemente no sabes hacer otra cosa más que amar”.
q Gesto
El gesto consistirá en que cada joven encenderá una vela la cual pondrá alrededor del cuerpo de Cristo yaciente diciendo: “Acepto el reto de ser solidario con Jesús en su mayor acto de Amor”. Mientras los jóvenes realicen el gesto se escuchará de fondo la canción “Nadie te ama como yo” de Martín Valverde.
q Orientación sobre las actividades parroquiales
q Oración Final
(Tomada del libro “Regalos del Corazón”; páginas 21-22)
Sin palabras, desnudo el corazón de caretas,
me siento ante ti, Amor desnudo y sangrante,
como un gusanillo o una oruguita frágiles.
Te siento en tu pequeñez de Crucificado,
gigante, enorme, totalmente otro.
Has roto la medida de nuestro corazón cobarde,
y te has manifestado Amor terno e infinito.
Y aquí estoy queriendo ser libre en el amor.
Libre en la verdad con que tú me amas.
Y me siento sucio, falso y oportunista,
cuando digo que amo y lo que busco es “amarme.”
Rompe, rompe este egoísmo e individualismo;
rompe estas murallas y barreras en que vivo,
y enséñame a amar con un corazón claro y puro,
aprendiendo junto a tu cruz, Amor en pie levantado.
Deja que mi corazón se regale en el tuyo herido;
déjame que te cante las maravillas que me has hecho;
déjame que te quiera como una madre a su niño.
Quiero decirte que mi hombre adulto está herido;
herido en su ser más hondo, que llamo “orgullo.”
Deshiela el frío de mi amor calculado y duro,
y haz que ame con amor transparente,
y limpio de niño.
Quiero ser limpio en el amor como nieve de cumbre;
o como el rocío y la brisa de la mañana.
Quiero ser puro en el amor
como el brillo de una estrella,
o como la ternura de la gallina con sus polluelos.
Refresca, rejuvenece, purifica y agranda al infinito
esta sed que tengo de dar amor y acogerlo;
esa hambre que tengo de nunca saciarme de tu Amor.
Que cante mi corazón junto a tu cruz serena;
que canta las hazañas de tu amor por los hombres.
Tu silencio en la cruz era el amor sacrificado,
la Palabra callada más hermosa pronunciada.
Cantares son tus llagas abiertas por nosotros;
cantares es tu sangre vertida sin medida;
cantares es tu cuerpo colgado en el madero,
que brota en flor y fruto para quien te busca.
Pastoral Juvenil Coyuca