Objetivo General: Profundizar en la opción del Matrimonio, como un camino que se construye de a dos y que tiene como base y como objetivo el ser signos de Amor.
Apuntamos la proa: a imaginar distintos tipos de parejas.
Recursos y Materiales: Revistas, diarios, etc. con fotos, avisos publicitarios, que muestren a diversas personas. Varias tijeras.
Actividad
En el grupo se dividen por un lado los varones y por otro las mujeres, ambos grupos con revistas. El grupo de chicas deberá recortar la mayor cantidad de mujeres jóvenes, y el de chicos, la mayor cantidad de varones, también jóvenes.
Se colocan en el piso las figuras, y se invita a que cada uno arme una pareja.
Apuntamos la proa a: reflexionar sobre los motivos, las expectativas, y las posibilidades de compartir la vida con otro.
Recursos y Materiales: Hojas blancas, biromes, afiches, marcadores.
En forma personal, cada uno imaginará la historia de la pareja que armó, teniendo en cuenta las siguientes preguntas guía:
En grupos de a cuatro (deben mezclarse chicos y chicas), comparten las historias y completan el siguiente cuadro:
a. Distintas razones para estar de a dos
b. Cualidades que debe poseer un compañero/a
c. Cosas que se pueden compartir en pareja
d. ¿Para qué un hombre y una mujer pueden elegir estar juntos?
En plenario se comparten las conclusiones, armándose un cuadro con cuatro columnas (a, b, c, d). Luego entre todos, estableceremos dentro de cada columna una jerarquía: ¿qué es, lo que a su juicio, es más importante?
Por último intentaremos armar un listado de las diez cosas infaltables para constituir una pareja.
Apuntamos la proa a: descubrir al matrimonio como un signo de la gracia de Dios.
Recursos y Materiales: Copias del texto de Baúl Nº 7 “SER SIGNOS DE UN AMOR QUE NO TERMINA”. Copias de las canciones: “Yolanda” de Silvio Rodríguez y “Te quiero” de Mario Benedetti. Baúl . Tiras de cartulina y marcadores.
Actividad:
El animador lee en voz alta el texto del baúl. Se recomienda que todos puedan tener una copia para seguir la lectura. Y en plenario completan el siguiente cuadro:
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EL MATRIMONIO |
Es... |
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Necesita de... |
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Vale la pena porque... |
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Es signo del Amor de Dios cuando... |
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Nos permite ... |
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Se reparten las copias de las canciones, y se da un momento personal para que cada uno subraye aquellas frases que sinteticen que esperarían ellos de su compañero/a de vida, y las escriban en las tiras de cartulina.
Apuntamos la proa a: celebrar que cada uno de nosotros, con nuestras actitudes, hacemos posible que el amor humano sea signo del amor de Dios, que no termina.
Ambientación y Recursos: Colocar en el centro de la ronda, sobre un tapete, las parejas recortadas en la motivación, la Biblia y un cartel con el versículo del Cantar de los cantares “ No apagarán el amor ni lo ahogarán, océanos ni ríos”.
Desarrollo:
Cada uno colocará las frases escritas en las cartulinas alrededor de las “parejas”, leyéndolas en voz alta.
Proclamamos 1Pedro 3, 8-12.a
Herramienta para el animador: La Palabra de Dios invita a los esposos a tener “ un mismo sentir”. Cada uno de nosotros sueña que nuestra pareja futura tenga ciertas virtudes, valores, que viva de una determinada manera... Es importante que aquello que valoraríamos de otro, las comencemos a hacer realidad en nosotros mismos. Así el elegir “vivir de a dos”, desde ahora, tiene la capacidad de transformar nuestra vida, de hacernos “mejores”, de ayudarnos a crecer. Es otro signo de que Dios está presente en nosotros.
El animador invita a que cada uno pueda pedirle al Señor, que nos acompañe y nos anime a transformar nuestro corazón para asumir el desafío de ser signo de su amor.
Consiga: “ Vamos a comprometernos a vivir desde ahora, la misma actitud que esperábamos del otro, diciéndola en voz alta”. A cada petición respondemos: “No apagarán el amor ni lo ahogarán, océanos ni ríos”. Finalizamos el encuentro con una canción.
BAUL DE MATERIALES
Todos estamos en búsqueda: nos ponemos metas, proyectos, que siempre nos invitan a seguir, porque cada proyecto se acaba y uno se siente animado a buscar nuevos rumbos... buscamos la felicidad de diferentes modos y sobre todo ansiamos que los momentos de alegría no pasen (como cuando estamos en una fiesta, o acompañados de alguien que amamos...). El querer compartir la vida con otro, el encontrar una pareja puede ser un paso importante de esta búsqueda. Todos tenemos la necesidad de amar y ser amados, de ser para alguien “único en el mundo”, de ser especiales... Sin embargo el hecho de estar de novios, de construir un matrimonio, no es la causa ni la garantía de la felicidad. El otro es mi socio en esta búsqueda, desde ahora compartida. Pero el descubrirse a sí mismo como alguien valioso, con dones para hacer crecer, el tener confianza en las propias capacidades y habilidades, el animarse a ser constructor del futuro, es un trabajo personal. Mi “socio” colabora en este logro de un concepto positivo de mí mismo, pero la responsabilidad de continuar en búsqueda, es de cada uno.
El suponer que el compañero/a es responsable único de mi felicidad, es una de las causas de los desencuentros, de las rupturas y de los sucesivos intentos y fracasos en el proyecto de vivir de a dos. A veces parece que el amor se termina, que la pasión o el entusiasmo “pasan”, que uno ya no es el mismo... que el otro cambió, que el proyecto ya no vale la pena... Esto hace que nos preguntemos si realmente es posible sostener las promesas de ser fiel a otro, tanto en la salud como en la enfermedad, en la prosperidad como en la adversidad, y amarlo y respetarlo durante toda la vida. Para muchos las promesas del matrimonio parecen una utopía...
Los cristianos seguimos sosteniendo que hay un amor que no se termina... pero eso no significa que sea fácil o que no haya que superar y atravesar conflictos. Sabemos que el optar por compartir la vida con otro, supone entregar todo lo que somos, mostrar nuestro interior y a la vez recibir todo lo que el otro es, compartiendo la fragilidad y la fortaleza, abriéndonos a la posibilidad de dar vida. En el matrimonio renovamos las promesas cada día, no es algo mágico, que se prometa “una vez y para siempre”, sino que el “para siempre” se construye cada día... y por eso es un gran desafío, donde hay que crear espacios para el diálogo y la tolerancia, saber perdonar y comprender, encontrarnos con otro, que recorrió otro camino (con otra familia, otra educación y costumbres), y que ahora construye con nosotros una nueva ruta. Un matrimonio crece y se fortalece cuando sus miembros logran generar una manera propia de estar juntos.
Como siempre, Dios elige los desafíos para mostrarnos sus proyectos, y por eso, en la pareja humana también nos enseña muchas cosas. Él mismo en el Antiguo Testamento, elige hablarle a su pueblo como a “su amada, a su esposa”, y nos explica cómo es el amor que siente por la humanidad, comparándolo con el del hombre y la mujer enamorados...
Así nos revela que somos capaces de ser signos de su propio AMOR, que la posibilidad de entregar un amor fiel y fecundo, que la gracia de hacernos cocreadores de la vida y el poder cuidarla para que crezca, formando en la familia futuros hombres y mujeres de bien, también sirve “para que el mundo crea”. Hombre y mujer enamorados son testimonio de que Dios existe.
Frente a la fragilidad, a los problemas, a las dificultades, esta elección de Dios puede asombrarnos... Pero el nuevamente se entrega, ofreciéndose a las parejas como un “nuevo socio”: Con la gracia del matrimonio es el mismo Dios quien los acompaña, bendice y protege para que enfrenten sin temor el desafío, y sepan que vale la pena consagrarse a un amor que no termina...