Objetivos Generales:
Descubrir como el ser constructores de la paz forma parte de nuestro ser seguidores de Jesús.
Comprender que la construcción de la paz es un reto de todos los días en nuestros lugares (en casa, con nuestros amigos, en el colegio, en el barrio...)
El Papa en la Carta que nos escribe nos dice: "¿podemos quedar al margen ante las perspectivas de un desastre ecológico que hace inhabitables y enemigas del hombre vastas áreas del planeta? ¿O ante los problemas de la paz, amenazada a menudo con la pesadilla de guerras catastróficas? ¿O frente al vilipendio de los derechos humanos fundamentales de tantas personas, especialmente de los niños? Muchas son las urgencias ante las cuales el espíritu cristiano no puede permanecer insensible." (NMI[1])
Nos dice que estos son nuestros RETOS ACTUALES como seguidores de Cristo. Entre ellos elegimos trabajar con la paz, porque la paz surge de la búsqueda de la justicia entre todos, justicia que es la mínima muestra posible del amor a nuestros hermanos. Justicia que se funda en el respeto a los Derechos Humanos de todos y todas... Y acaso ¿no tenemos derecho a disfrutar el planeta que Dios nos regalo con todo lo que hay en él y la obligación de cuidarlo para aquellos que vengan después que nosotros?.
Apuntamos la proa a: tomar conciencia de los numerosos conflictos violentos que se suscitan en muchos lugares de la tierra.
Recursos y Materiales: un planisferio grande (nro. 5 o 6), marcadores de colores.
Actividad
Invitar a los miembros del grupo a colorear aquellas zonas del planeta donde se sepa que hay conflictos armados, o violación de Derechos Humanos (deben ser hechos recientes). También se pide que en lo posible se especifique las causas de los conflictos. (Se puede agregar también la búsqueda de noticias en diarios o revistas y después ubicarlos en el mapa, coloreando las zonas.)
Apuntamos la proa a: Reconocer los valores y actitudes que nos ayudan a construir la paz en lo cotidiano y en nuestros propios lugares
Herramientas del Animador
La guerra no es una cuestión que ocurre solamente lejos y nos enteramos por la televisión o la radio. La paz o la violencia, la sentimos en nuestras casas, entre nuestros amigos, en nuestro país. Aunque no exista un conflicto armado debemos saber valorar la paz y construirla entre nosotros.
Recursos y Materiales: Tarjetas con una consigna para representar.
Actividad
Dramatización de conflictos
Divididos en grupos pequeños, se les entrega alguna de las siguientes tarjetas, con una situación conflictiva, para representar durante uno o dos minutos:
1. Me peleo con mi hermano porque...
2. No me dejan salir por eso a mis viejos...
3. Me pidieron que haga... pero yo...
4. El otro día me peleé con un amigo porque...
5. En la clase de ayer se armó lío porque...
Se pueden agregar más o reemplazar por otras.
Herramienta del Animador:
Es conveniente que cada grupo prepare su número en un lugar aparte para que el resto no pueda verlos de antemano. Una vez que todos terminaron de prepararlos, se reúnen y pasando al frente escenifican su situación.
Opción A
Entre todos, en ronda, se analizan las situaciones representadas. Cada uno puede elegir hablar de aquella en la que más se sintió implicado. Dialogar a partir de las preguntas guía.
Opción B
1. Una vez que terminaron las representaciones, cada grupo elige una situación conflictiva representada por otro de los grupos y busca contestar las preguntas guía.
2. A partir de lo charlado en cada grupo, representan ese mismo conflicto, pero agregando a la escenificación una posible solución.
Preguntas guía:
· ¿Qué habría que hacer para “desactivar el conflicto”? ¿Qué consejos podrías proponerles a los que participaron de la pelea?
· ¿Cómo pensas que se podrían haber evitado estas peleas? ¿Qué se tendría que hacer para que no sucedan?
· ¿Cuáles con las dificultades propias o ajenas que a veces no nos dejan estar en paz con nuestra familia, amigos, compañeros, etc.?
3. En plenario construimos juntos un afiche dividido en dos columnas. En una se escriben los valores y actitudes por la paz que se fueron enumerando o escenificando y del otro lado los comportamientos que nos llevan a pelearnos.
Herramientas del Animador
Es importante clarificar que el conflicto es una realidad siempre presente en nuestras vidas y situaciones. Y no es esto malo o algo que se tenga que negar o esconder, haciendo "como si no existiera". Todo lo contrario, la clave es cómo enfrentamos estos conflictos, que caminos buscamos para solucionarlos. Y es en este punto donde la búsqueda debe ser por los caminos de la paz y el amor, y no por lo de la violencia y el odio.
Apuntamos la proa a: Buscar formas creativas para construir y sostener la paz.
Recursos y Materiales: Copias para cada integrante de los Textos Baúl 8
Actividad
1. Lectura personal
2. Buscar en el texto o escribir nuevas frases que nos sirvan como ideas fuerza para construir la paz, como si fueran slongans. (Pueden ser frases relacionadas con las escenificaciones de la Experiencia.)
3. Se comparten en voz alta las frases elegidas.
Apuntamos la proa a: Celebrar nuestro compromiso por hacer crecer la paz en nuestro entorno.
Recursos y Ambientación: Planisferio usado en la motivación, tarjetas de cartón y marcadores, una vela, un cartel donde esté escrito el versículo de Mt. 5, 9 (felices los que trabajan por la paz); copias de la Oración de San Francisco de Asís.
Sobre algún tejido colocar el mapa, sobre él también se pueden agregar, rodeándolo, carteles que digan “en casa", "con mis amigos y amigas", "en el colegio", "en el barrio".
Desarrollo:
1. Contemplar en silencio durante algunos segundos el mapa y las tarjetas.
2. Se proclama el versículo de Mc. 5, 9 al tiempo que se enciende la vela y se coloca el cartel con la cita sobre el planisferio.
3. A cada uno se le entrega una tarjeta de cartón y un marcador. El animador invita a pensar en alguna situación de conflicto en sus vida en la que quieran construir la paz. Luego cada uno debe buscar y escribir una actitud o valor por la paz, que hayan descubierto en el encuentro, que pueda dar luz a esa situación.
4. Se comparten estas actitudes y en un gesto de compromiso se van colocando sobre el planisferio.
Se concluye rezando la oración de San Francisco de Asís.
Sí al esfuerzo permanente por la Paz
"La paz no es sólo ausencia de guerra ni se reduce sólo al equilibrio de fuerzas adversas ni surge de una hegemonía despótica". Es ante todo, una "obra de justicia", un "quehacer permanente", un "fruto del amor". "Supone y exige la instauración de un orden justo en el que los hombres puedan realizarse como hombres, en donde su dignidad sea respetada, sus legítimas aspiraciones satisfechas, su acceso a la verdad reconocida, su libertad personal garantizada. Un orden en el que los hombres no sean objetos, sino agentes de su propia historia". Jesús llamo felices a "los que trabajan por la paz" (Mt 5,9). Trabajar por la paz es ante todo, vivir un estilo de vida evangélico basado precisamente en el amor, que lleve al reconocimiento y respeto de los derechos humanos, saque de la indiferencia y de la pasividad y promueva compromisos concretos con la justicia y la libertad. Trabajar por la paz exige una pedagogía que eduque a la comunidad en la resolución no violenta de los conflictos, que forme para el respeto, la fraternidad y la convivencia en una democracia participativa. Trabajar por la paz significa internalizar valores como la justicia, la solidaridad, la verdad y el perdón y desinternalizar el rencor, la venganza, la violencia y el miedo. Significa recuperar el sentido de dignidad de la persona, diseñar estrategias para erradicar las situaciones que generan la violencia y asimilar comportamientos de una cultura de paz, como la capacidad de concertación, el respeto al legítimo pluralismo de opiniones y opciones, la fe en el diálogo como mecanismo para dirimir los conflictos...
Primacía de la vida humana sobre cualquier otro valor o interés
El Dios de la Vida se encarnó en Jesús para que todos los hombres "tengan vida y la tengan en abundancia" (Jn 10, 10). Este acontecimiento salvífico revela no sólo el amor infinito de Dios "que tanto amó al mundo que le envió a su Hijo único" (Jn 3,16) sino, sobre todo, el valor incomparable de cada persona humana. Consideraciones éticas, proyectos económicos, modelos de desarrollo, políticas sociales, descubrimientos científicos o técnicos, formas de gobierno, leyes humanas, programas demográficos o motivaciones religiosas, nada ni nadie, por ningún motivo, nunca podrá anteponer cualquier otro valor o interés al supremo valor de la vida. La vida, una vida digna, una "vida en abundancia'' es el primer y fundamental derecho de toda persona humana. El aborto, la violencia, la represión. el terrorismo, las guerras, la contaminación son ciertamente atentados contra la vida humana; pero lo son también las condiciones extremas de pobreza, las estructuras económicas injustas, las desigualdades, la falta de posibilidades, la marginalidad, el analfabetismo... (SD 167).
"Queremos una América Latina que opte por la vida, que respete y promueva los derechos humanos", que promueva la vida, la entregue con generosidad, la proteja, la defienda, la mejore y la haga cada día más digna y más humana.
Sí a la Libertad
Los jóvenes sienten un profundo deseo de libertad. Aman la libertad. Quieren ser libres. Saben, con todo, que vivir en libertad no es un camino fácil y que no se pueden hacer ilusiones ni caer en optimismos engañosos. El ansia de libertad los lleva muchas veces a apartarse de todo lo que aparece como imposición o esclavitud, hasta que se descubren prisioneros de sí mismos o de modas y modelos impuestos, solos, sin saber qué hacer con su libertad, con la sensación de que aunque creen haberla conseguido, no les alcanza para dar respuesta a los más íntimos deseos de felicidad que bullen en su corazón. Se sienten víctimas de los mecanismos de muerte de una sociedad que presenta como signos de libertad lo que en realidad no son más que manipulaciones interesadas.
Cuando descubren que "han sido llamados a la libertad" (Gal 5,13), que fueron hechos para la libertad y no para la esclavitud (Rm 8,15) y que la verdad del Evangelio "los hace libres" (3n 8132) experimentan que sólo desde la libertad interior, plenamente vivida, respetada y compartida, pueden ser portadores y mensajeros de libertad y se esfuerzan por vivirla no como la posibilidad de "hacer cualquier cosa" sin límites ni criterios, sino como una entrega de si mismos al servicio de todo lo que hace más humana la vida de quienes los rodean y de la construcción de una sociedad libre y verdadera.
La lucha por su propia libertad se une así a la de la creación que espera ser "liberada de toda esclavitud para compartir la libertad de los hijos de Dios" (Rm 8,21), con la esperanza hacer realidad la libertad de todos los hombres y de todos los pueblos.
Sí a la Participación
"Debemos hacemos todos plenamente conscientes de que estamos ante un enorme y dramático choque entre el bien y el mal, la muerte y la vida, la cultura de la muerte y la cultura de la vida. Estamos no sólo 'ante' sino necesariamente 'en medio' de este conflicto: todos nos vemos implicados y obligados a participar, con la responsabilidad ineludible de elegir incondicionalmente en favor de la vida"
"Si el no comprometerse ha sido siempre algo inaceptable, el tiempo presente lo hace aún mas culpable. A nadie le es lícito permanecer ocioso" "La creciente necesidad de participación es uno de los rasgos
característicos de la humanidad actual, un auténtico 'signo de los tiempos´ que madura sobre todo en lo relativo al mundo juvenil... Ser protagonistas es una exigencia universal" Sin la participación de todos, será imposible conseguir los cambios que se buscan en la Iglesia y en la sociedad.
La Iglesia que había impulsado a los jóvenes a ser "factores de cambio" los ha convocado "una vez más para que sean fuerza renovadora de la Iglesia y esperanza del mundo". El llamado a la participación y al protagonismo en los clubes culturales y deportivos, en los grupos ecológicos, en los partidos políticos, en las juntas vecinales, en los sindicatos, en las organizaciones populares y campesinas, en los grupos eclesiales, etc., es muy claro. También los jóvenes lo quieren así: "buscamos participar con entusiasmo en nuestra sociedad porque sufrimos la injusticia... La voluntad de apropiarnos de nuestro futuro nos impulsa a buscar y crear espacios reales de participación".
Sí a la Solidaridad
La vivencia del amor como vocación humana lleva a que personas, pueblos y naciones puedan llegar a encontrarse y relacionarse entre sí como hermanos y a ayudarse mutuamente como si la felicidad y las posibilidades de realización propias dependieran de la felicidad y de las posibilidades de realización del otro. La solidaridad no es un sentimiento superficial frente a los problemas, tristezas, injusticias y marginaciones de los seres humanos, sino ''la determinación" firme y perseverante de empeñarse por el bien común; es decir, por el bien de todos y de cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos". La solidaridad ayuda a ver al otro -persona, pueblo o nación- no como un instrumento cualquiera para explotar a poco costo su capacidad de trabajo y resistencia física, abandonándolo cuando ya no sirve, sino como un `semejante' nuestro, una 'ayuda', para hacerlo partícipe como nosotros del banquete de la vida al que todos los hombres son igualmente invitados por Dios" Desde sus experiencias grupales, los jóvenes pueden impulsar el nacimiento de una sociedad nueva fundada en el compartir, en la vida comunitaria. en la sensibilidad ante el dolor y la desesperanza de los más necesitados, que supere aislamientos, egoísmos e indiferencias Y haga visible el llamado de Dios a vivir auténticamente como hermanos e hijos de un mismo Padre. "Somos Jóvenes alegres y esperanzados, con valores de fraternidad y solidaridad... que descubrimos a Jesús en el rostro de nuestros hermanos más pobres: caminando juntos buscamos transformar la historia para construir el Reino de paz, justicia y libertad."
Sí a la Verdad y al Diálogo
Jesús vino al mundo para ser ''testigo de la Verdad" (Jn 1 8,3 7). El es "el camino, la verdad y la vida" (Jn 14,6), la "luz verdadera que ilumina a todo hombre"' (Jn 1.9). En todos los hombres, por tanto, se manifiesta una parte de la verdad plena de Jesucristo. Eso fundamenta y hace necesario vivir en actitud de diálogo. Dialogar es caminar juntos con otros, es compartir las percepciones, reflejos y zonas de luz que Jesucristo ya ha iluminando; es descubrir la Verdad plena obrando ya en la historia, es reconocer en lo más profundo de cada persona su capacidad de apertura y de búsqueda autentica de la verdad, es aceptar que nadie es "dueño de la verdad"...
"Desde fuera no se salva el mundo: Como el Verbo de Dios que se ha hecho hombre. hace falta hasta cierto punto hacerse una misma cosa con las formas de vida de aquellos a quienes se quiere llevar el mensaje de Cristo; hace falta compartir las costumbres comunes, con tal que sean humanas y honestas, sobre todo las de los más pequeños, si queremos ser escuchados y comprendidos. Hace falta aún antes de hablar, escuchar la voz, más aún, el corazón del hombre, comprenderlo y respetarlo en la medida de lo posible y, donde lo merezca, secundarlo. Hace falta hacerse hermanos de los hombres en el mismo hecho con el que queremos ser pastores, padres y maestros. El clima del diálogo es la amistad. Más todavía, el servicio".
Los jóvenes, con su actitud de apertura ante lo nuevo y ante lo diferente, con su ansia de búsqueda y su deseo de autenticidad, con su capacidad para mirar las cosas con ojos desprejuiciados, están llamados a ser testigos de la verdad y constructores de diálogo en medio de la sociedad.
Gracias por difundir los Encuentros para
acompañar el camino de los jóvenes 2002