Objetivo
General: Revalorizar la eucarística del domingo como encuentro comunitario
para celebrar la Vida Nueva que nos regala Jesús resucitado.
Herramientas del Animador
El Papa en su carta nos anima a
participar de la celebración del domingo y nos dice..."La Eucaristía
dominical, congregando semanalmente a
los cristianos como familia de Dios entorno a la mesa de la Palabra y del Pan
de vida, es también el antídoto más natural contra la dispersión. Es el
lugar donde la comunión es anunciada y cultivada constantemente. Precisamente a
través de la participación eucarística, del día
del Señor se convierte también en el día
de la Iglesia, que puede desempeñar así de manera eficaz su papel de
sacramento de unidad." (N.M.I. 36) La invitación a la Eucaristía nos la hace Jesús
Resucitado. Es Él quien nos congrega a todos, más allá de nuestras diferencias,
como una sola FAMILIA DE DIOS en torno a una MESA, en la que nos brinda su
PALABRA y su Cuerpo y Sangre, el PAN DE VIDA.
Apuntamos la
proa a: descubrir en la mesa un signo del compartir.
Recursos y
Materiales:
Es importante que la reunión se
haga alrededor de una mesa en la que
se pueda compartir una merienda o un mate con algo para comer, traído por los
jóvenes. Algunas copias de la canción "La Mesa" de Los Carabajal.(Baúl Nro. 8)
Actividad
1.
Se reparten las copias de la canción.
2.
A partir de la lectura que puede
hacerse en voz alta, se comienza a compartir respuestas a preguntas como: ¿Por
qué estamos alrededor de una mesa? ¿Qué hacemos en una mesa? ¿Cómo nos
sentamos? Cuando comemos ¿Cómo lo hacemos? ¿Con quién? ¿Solos o acompañados?
¿Nos da lo mismo comer solos o no? ¿Por qué? ¿Comemos con desconocidos o con
conocidos? ¿Con quiénes me siento a la mesa? ¿Qué siento? ¿Qué nos surge de la
canción? ¿Usamos la mesa para lo que propone ese texto? ¿Cuál fue la parte que
más nos llamó la atención? ¿o con la que más nos identificamos?
Herramientas
del Animador
La clave de esta actividad es la
relación que existe entre la mesa y el compartir, principalmente al compartir
una comida. La mesa, como un mueble que no falta ni en las casas más sencillas,
puede ser signo concreto del compartir.
Apuntamos la
proa a: Compartir nuestra vivencia de las celebraciones
eucarísticas.
Recursos y
materiales: Copias de la canción usada en la motivación, es importante
que cada uno de los integrantes del grupo tenga la suya.
Actividad
Las propuestas son diversas:
a)
En forma personal, haremos un paralelo entre las estrofas de la canción
y lo que experimentamos en nuestras celebraciones del domingo en la parroquia o
en la capilla, y como querríamos vivenciarlas. La consigna es responder a las
preguntas ¿Qué clase de celebraciones vivimos y cómo es la misa que quiero
vivir? ("Quiero una misa ... en la que...")
b)
Con anticipación se les pide a los
miembros del grupo que para esta reunión traigan recuerdos de su primera
comunión (fotos, estampitas, algún recuerdo especial, el cuaderno de
catequesis, etc.). En grupos de tres o cuatro, y a partir de estos objetos,
reconstruir esa experiencia y compararla con la forma en que la viven hoy.
¿Cómo fue su primera comunión? ¿Cómo viven hoy la celebración del domingo? ¿Qué
diferencias notan? Si hoy ya no la viven... ¿por qué? ¿Cuáles son los
principales obstáculos para participar?
c)
Se forman grupos de tres o cuatro
jóvenes. A cada grupo se le pide que enumere todos los pasos necesarios, (como
así también los materiales y tareas necesarias), para la realización de
determinadas fiestas o celebraciones: un cumpleaños, un casamiento, un aniversario, etc. (una distinta para cada
grupo). Luego cada grupo comparte lo hecho, unificándose todo en un solo
listado de "Tareas necesarias para llevar a cabo una fiesta". Por
último se verifica si este listado puede aplicarse, en la realidad,
también para la celebración de la
eucaristía del domingo en la capilla o parroquia.
d)
Ir a una misa de domingo, si es posible
antes del horario de reunión del grupo e intentar ir con "ojos
nuevos", como si asistiéramos por primera vez (esto puede hacerse en forma
individual o en grupos pequeños de dos o tres, distribuidos a lo largo del
templo) La consigna es observar todo lo que sucede (las distintas personas y lo
que hacen), intentando descubrir qué es lo que se celebra (a partir de los
gestos, o de lo que se dice, etc.) Luego se reúne el grupo y comenta las
percepciones de cada uno. Por último entre todos intentan responder dos
preguntas: ¿Es una celebración? ¿Por qué? ¿Qué se celebra? .
Herramientas
del Animador:
En este
momento intentaremos compartir experiencias, no todavía dar motivos o
fundamentar el porqué es central para el crecimiento de nuestra fe participar
de la misa. La idea es que se desprenda de todo el trabajo del encuentro, y de
lo que los participantes puedan descubrir, la certeza de que la misa es el “culmen de la vida de la Iglesia”.
Apuntamos la
proa a: Profundizar en las características de la celebración de la
Eucaristía.
Recursos y
materiales: Texto sobre el Sacramento de la Eucaristía de
“Civilización del amor Tarea y Esperanza” (Baúl Nro.
9)
Actividad
1. En grupos,
leemos el texto de trabajo.
Relacionándolo con la actividad del momento de la Experiencia, contestamos las siguientes preguntas guía:
¿Cómo describe el texto lo que es una FIESTA? ¿Qué dice de las fiestas? Ahora
que ya respondimos estas preguntas ¿Nuestras fiestas/celebraciones cotidianas
se relacionan con lo que leímos o no tienen nada que ver? ¿por
qué? ¿Por qué celebrar la fe también es una fiesta? ¿Cómo vivimos nosotros el
día domingo? ¿Nos pasa lo que cuenta el texto?
Enumerar lo que nos dice el texto
sobre las celebraciones del domingo (características). ¿Por qué dice el texto
que son tan importantes estas celebraciones? ¿Vemos que nuestras celebraciones
eucarísticas del domingo son “fiestas”? ¿Las vivimos como algo fundamental para
nosotros? Si no fuera así ¿por qué? Y entonces... ¿qué podemos hacer para
cambiar esto?
2. Se comparte
en plenario las respuestas.
Opción A: Celebrar
como comunidad, la Eucaristía.
Se prepara en forma
participativa, la celebración: dividimos al grupo según los distintos
ministerios:
Animación
musical:
seleccionan los cantos para cada momento de la
misa, recordando que “cantar es rezar dos veces”, y que es fundamental que
todos puedan seguir la letra y la melodía de las canciones.
Guías:
acompañan y explican los diversos momentos de la celebración (se pueden
preparar diversas moniciones para el pedido de perdón, la oración de los
fieles, etc.)
Lectores:
pueden, además de leer previamente las lecturas del día, preparar algún gesto,
asesorados por el sacerdote, para realizar en la homilía. (Ilustrar el mensaje
de la Palabra de Dios con diapositivas, imágenes, realizar un diálogo breve, en
dúos o tríos, sobre qué nos dice la Palabra y luego compartirlo a toda la
asamblea).
Gestos:
Además se pueden acompañar con gestos y signos propios de la comunidad, el
momento de las Ofrendas (Acompañar el pan y el vino con otros “frutos” del
trabajo de la comunidad), la Acción de Gracias, etc. Es muy importante pedirle
al celebrante que explique los distintos gestos que tienen lugar en la
Liturgia.
Herramienta
del animador:
Nuestra participación en la asamblea fraternal no es sólo “interior”,
sino también exterior, por eso intervenimos activamente, con gestos, palabras,
cantos, etc. Para preparar la misa, pueden tener en cuenta el baúl de
materiales Nº 10.
Opción B: En caso de no
poder llevar adelante una celebración dentro del encuentro, el grupo puede
comprometerse a encargarse de la misa del domingo siguiente (cantos, lecturas,
guión, ofrendas, etc.) como servicio litúrgico a la comunidad.
Baúl de Materiales:
Quiero una mesa de cedro,
hermano,
hermano
carpintero,
adonde coman
mis hijos, hermano,
el pan
bendito y eterno
o puede
ser de algarrobo, hermano,
o de
sueños, para que sueñen mis hijos, hermano,
en las
largas noches de invierno.
YO QUISIERA QUE EN MI MESA
NADIE SE SIENTA EXTRANJERO
QUE SE LA MESA DE TODOS
TERRITORIO DE SILENCIO
QUE SEA MESA DE DOMINGO
MESA VESTIDA DE FIESTA
DONDE CANTEN MIS AMIGOS
ESPERANZAS Y TRISTEZAS.
Quiero una mesa bien fuerte,
hermano,
hermano
carpintero,
Mesa de casa paterna, hermano,
esas que
aguantan el tiempo.
Mesa de quedarse solo, hermano,
y de
llorar en silencio
de
olvidar ingratitudes, hermano,
y soñar
con el regreso.
"...para los jóvenes, una vida sin gestos ni
celebraciones no tiene sentido ni dinamismo y que por tanto, la dimensión celebrativa es un elemento fundamental del estilo de vida
que van asumiendo en el proceso de maduración humana y cristiana que realizan.
La existencia cotidiana, con sus
alegrías y tristezas, sus problemas y dificultades, sus temores y esperanzas,
sus acciones sencillas y compromisos radicales es signo de la presencia y de la
acción del Señor en la historia y en la vida de las personas. Encontrarse con El, reconocer su presencia
salvadera y su llamado a responder con coherencia y a comprometerse en la
construcción del Reino es celebrar la vida. Después de haber
hecho los cielos y la fierra, el hombre y la mujer y
todo lo que vive, Dios Creador se dió un tiempo para
contemplar su obra creadora (Gn 1,3 l). Y quiso que también sus creaturas
se dieran un tiempo para reconocer las maravillas del Señor y ofrecerle su
lucha y su compromiso por dar continuidad a esa obra creadora. Celebrar la vida
permite recuperar el sentido de la gratuidad en un mundo interesado y
competitivo, dignifica el trabajo humano en un mundo materialista y consumista,
hace participar en el dinamismo del proyecto del Dios de la vida en un mundo de
dependencia, manipulación y muerte; hace presente la dimensión de la fiesta y
de lo nuevo frente a la rutina de cada día y explicita la fe en la presencia de
Dios que da identidad cristiana al grupo y a la propia vida. El momento de la
celebración es un momento privilegiado
para unir la fe y la vida, para reavivar la esperanza y para reafirmar que, en
medio de una cultura de la muerte, los jóvenes quieren vivir y crecer en una
cultura de la vida. (...) Celebrar la vida dice relación además a la búsqueda
de sentido, a lo que se es y lo que se hace, a lo que anima y sustenta lo
cotidiano, a lo que da fuerza para caminar, a las motivaciones profundas de las
opciones que se toman, a la espiritualidad.
CELEBRAR LA VIDA Y CELEBRAR LA FE
La vida transcurre muchas veces en medio de
acontecimientos rutinarios que ocupan casi mecánicamente las horas y los
días. Pero es también la oportunidad
para que se den otros acontecimientos, buscados expresamente o simplemente
inesperados, capaces. de romper esa rutina y hacer que
se les dedique un tiempo especial para celebrara. La diferencia entre unos y otros no está
tanto en la actividad o en lo que se realiza, sino en la forma y en el sentido
con el que se viven. Son esencialmente
significativos no porque sean distintos a los de todos los días, sino porque se
los vive de una manera diferente.
Esta realidad tan cotidiana ayuda a descubrir el
valor de saber detenerse para generar un tiempo distinto al de la rutina
diaria, un tiempo para gozar mas intensamente de la vida y sus situaciones,
realidad que sí bien se puede experimentar en las actividades de cada día, se
hace más palpable en esos momentos especiales. Celebrar es una dimensión propia
de la vida de las personas humanas y uno de los momentos en que más se pueden
expresar como tales. Las formas de
hacerlo varían mucho de acuerdo a los ambientes y las culturas, pero hay una
que tiene un sentido muy especial particularmente en el mundo juvenil: la
fiesta.
La fiesta es un tiempo que se dedica para celebrar
un acontecimiento. Llega tanto a la vida de los jóvenes porque les permite
romper la rutina, experimentar la profundidad de la vida, sentirla como regalo
y descubrir que vale la pena ser vivida; les da posibilidad para manifestarse
como son en un clima de libertad y espontaneidad; les ayuda a superar la
soledad, porque es imposible hacer fiesta solo, pues la alegría exige ser
compartida siempre con otros; les da libertad para "perder el
tiempo", porque en la fiesta parece que simplemente no pasa o pasa de un
modo muy agradable y placentero. La fiesta es un tiempo para la
personalización, para ser más en profundidad, para recrear y recrearse, para la
creatividad, para el encuentro, la comunicación y el diálogo. En una sociedad donde el diario vivir se
nutre de acciones muchas veces interesadas, la fiesta es un tiempo para la
gratuidad; en una realidad de injusticia y dependencia, la fiesta es
participación en el dinamismo de la liberación y la utopía; en un mundo
materialista e individualista, la fiesta permite expresar la propia fe, vivirla
en comunidad y abrirse al sentido pleno de lo trascendente. Entendida de esta
manera, la fiesta es una realidad profundamente humana que eleva y dignifica,
impide quedarse en la dimensión meramente horizontal de la existencia, lleva a
Dios y permite celebrar la vida. Celebrar es, pues, disponer de un tiempo y de
un espacio para que, a través de gestos, signos, palabras y actitudes, un
acontecimiento se haga realmente vital.
El cumpleaños, la finalización de los estudios, el reencuentro con un
ser querido y mil otras celebraciones más van alegrando y enriqueciendo el
diario vivir. Como en la vida de las
personas, hay también momentos significativos en las familias, los grupos
juveniles, las comunidades, la historia de los pueblos, etc.
Lo dicho antes, vale también para la celebración de
la fe. Como es necesario encontrarse con
un amigo o celebrar determinados momentos de la vida, del mismo modo es
necesario encontrarse con Dios y con la vida nueva que él ofrece, para
renovarse, entusiasmarse y animarse. Celebrar la fe es tener ese tiempo para el
encuentro con el Señor de la vida y de la historia. Para hacer realidad el seguimiento de Jesús,
no alcanza con "saber" mucho de él y de su Evangelio, es necesario
"experimentar" su presencia y entrar en relación con su persona viva. La celebración es el tiempo privilegiado en
que el Señor se hace presente para acompañar el caminar de los hombres por la
historia. Ese tiempo privilegiado es
momento de fiesta, porque es celebrar la salvación, la liberación y la
presencia de Jesús resucitado en medio de su pueblo.
Celebrar el día del Señor junto con su comunidad es
un momento muy importante para la espiritualidad de los jóvenes. Es cierto que
el domingo como día de descanso semanal, como oportunidad para pasar sin prisas
ni preocupaciones, como día de familia y de "recogimiento", como
tiempo para desarrollar la cultura del encuentro y de la solidaridad y para
dedicarse más especialmente a Dios, parece ser cosa del pasado. Quizá por eso mismo ha perdido su dimensión
festiva y cristiana. Pero es preciso
recuperarlo como día diferente, como ámbito para el encuentro semanal de los
cristianos, como ocasión para celebrar la fiesta y llenar de sentido el vacío
que produce el ritmo enloquecedor de la vida moderna y su tendencia a igualar y
pasar de la misma forma todos sus momentos. Como sacramento semanal, el domingo
cristiano reúne la centralidad de Jesucristo y de su Pascua, la experiencia
comunitaria de la Iglesia, la escucha de la palabra y la celebración de la
Eucaristía, elementos fundamentales para el crecimiento y maduración de toda
vida cristiana. Es la oportunidad para celebrar cada ocho días la presencia
salvadera del Señor Resucitado que comunica su vida y llamamiento. Jóvenes y mayores, por encima de lazos de
amistad o de cultura, son invitados a participar juntos en la mesa de la
Palabra y de la Eucaristía y a encontrar allí la fuente del dinamismo para su
vida personal y para su compromiso eclesial. Experimentar la presencia del
Señor Resucitado en medio de su pueblo obrando sus maravillas, hace del domingo
un día de fiesta, de liberación y de alegría. El domingo ofrece también
posibilidades para el descanso, para una mayor cercanía y disfrute de la
naturaleza, para una mayor dedicación a la vida de familia y a la amistad, para
cultivar valores como el deporte, la cultura, el paseo, la convivencia o la
música y hasta para entregar un poco más de tiempo a los ancianos, a los
enfermos y a los necesitados. Viviéndolo
de esta manera, se vuelve a reafirmar la prioridad de la persona humana sobre
el trabajo y se recupera el valor de lo gratuito en una cultura donde la
eficacia y el afán de producir tienden a imponerse como los criterios máximos.
En cada eucarístia dominical la presencia del Señor
Resucitado en la comunidad invita a renovar la fe y el seguimiento, motiva a
vivir en clima de alegría, libertad interior y dinamismo pascual y rompe la
rutina que desgasta, desmotiva y hace perder el sentido de la vida y de la
historia. La celebración comunitaria de la Eucaristía no quita validez a las
llamadas "misas juveniles", tan extendidas en muchas
comunidades. Su realización concreta en
el "día del Señor" para los jóvenes, hace posible celebrar la
particularidad de la vida juvenil con su lenguaje y sus expresiones propias,
permite referir más la palabra y la presencia viva de Jesús a sus situaciones y
procesos personales y grupales y ayuda a recuperar la característica
marcadamente juvenil de algunas celebraciones del ciclo litúrgico anual. Será importante establecer un sano equilibrio
entre el respeto y la valoración de la realidad propia de los jóvenes y su
necesaria integración a la comunidad más amplia, donde tienen también su lugar,
pueden realizar su aporte dinamizador y estar abiertos a recibir del testimonio de los demás.
·
RITOS INICIALES:
Procesión
+ canto: significa que todos somos un pueblo de peregrinos,
caminantes que juntos nos encontramos con el Señor. La procesión de entrada,
que generalmente realiza el sacerdote que preside la celebración, y que es
acompañada por el gesto de ponernos de pie, puede ser también realizada por
toda la comunidad.
Veneración
del Altar y Saludo al pueblo de Dios: El sacerdote,
en representación de todos los bautizados, besa el altar, que es signo de
Jesús, quien es alrededor de quien nos congregamos, y luego saluda a sus
hermanos. (En este momento, el altar puede adornarse con flores, velas, etc.)
Acto
penitencial: Al encontrarnos como hermanos, y estando en Presencia de
Dios, nos miramos a nosotros mismos y reconocemos nuestra pequeñez, nuestros
errores, y nuestra necesidad de Dios. (Antes del Pedido de Perdón, puede darse
un momento de oración espontánea, en dónde cada uno pida perdón en voz alta, o
prepararse moniciones para que lean los jóvenes)
Gloria:
Alabamos
la gloria del Señor, los domingos (excepto en el tiempo de Adviento y
Cuaresma), en las fiestas y celebraciones solemnes. Se puede cantar o recitar.
Oración
Colecta: El sacerdote abre los brazos, como señal de que recoge en
sus brazos todas las razones por las que celebramos y toda la oración que cada
uno de los participantes le ofrece a Dios.
·
LITURGIA DE LA PALABRA
(Es muy útil contar con copias de
los textos del día para cada uno, para que así todos sigan las lecturas y las
comprendan mejor. )
1ra
lectura: En el Antiguo Testamento, Dios nos habla a través de la
historia del Pueblo de Israel y sus profetas.
Salmo:
Meditamos
y respondemos a la Palabra de Dios, cantando el salmo. (En celebraciones con
grupos pequeños, puede responderse al salmo con una “Oración en Eco”
2da
Lectura: El Señor nos habla a través de los Apóstoles.
Evangelio:
Nos
ponemos de Pie y cantamos el Aleluya para prepararnos a escuchar la Palabra de
Jesús Resucitado.
Homilia: Nos ayuda a
reflexionar y a actualizar el mensaje de Jesús. En celebraciones con Jóvenes,
es interesante generar el diálogo, dar una consigna para responder por dúos o
pequeños grupos y luego recoger lo conversado en la predicación, para
iluminarlo. También puede ilustrarse el mensaje del Evangelio con imágenes, al
estilo de “fotopalabra”, o con una cartelera que
“actualice” a través de recortes del diario, noticias etc., el mensaje de
Jesús.
Credo:
Confirmamos nuestra fe, uniendo nuestras voces para decir una de las oraciones
más antiguas y que más nos identifica.
Oración
de los Fieles: Como Iglesia misionera, presentamos nuestras necesidades
al Señor, teniendo en cuenta que el mensaje de Salvación es para todos los
hombres. El guía propone una respuesta para repetir juntos, que puede ser “Te
lo pedimos Señor” o una frase breve, que tenga relación con lo que se celebra.
Pueden tenerse intenciones preparadas o
bien realizarlas espontáneamente, teniendo en cuenta siempre el pedir:
por la Iglesia y el Santo Padre, por los gobernantes y la salvación del mundo,
por los oprimidos, los sufrientes, y por la Comunidad Local.
·
LITURGIA DE LA EUCARISTÍA
Procesión
y presentación de las ofrendas: Acercamos al altar el pan y el vino,
que son el signo del trabajo y de la vida misma de todos los hombres, que por
gracia de Dios, se transforman en Cristo vivo: nosotros nos proponemos también
hacer que nuestra vida se transforme y sea “Jesús quien viva en nosotros”. Por
eso, junto al Pan y el vino, pueden acercarse otros signos, construidos por los
jóvenes, que manifiesten este deseo. Mientras realizamos este gesto, cantamos
juntos (el canto tiene que tener como tema la capacidad de donarnos y
entregarnos a Dios) y el sacerdote eleva sobre el altar el Copón y el Cáliz,
realizando una oración.
Plegaria
Eucarística: es la oración de gracias por excelencia, centro de toda la
celebración: su significado es que todos nos unimos a Jesús para alabar y dar
gracias a Dios Padre, y ofrecer nuestra vida como ofrenda. Se divide en :
1. Prefacio (Después de que el
Sacerdote dice “Es justo y necesario, nuestro deber y salvación....” el guía, o
los fieles en forma espontánea. pueden realizar breves
oraciones de acción de gracias que se refieren a situaciones concretas de la
Comunidad)
2. Invocación del Espíritu Santo
y Consagración: De rodillas, somos testigos de cómo Jesús se hace presente en
entre nosotros en la Eucaristía, (relato de la Pasión, Muerte y Resurrección de
Jesús).
3. Aclamación: Aclamamos el
misterio central de nuestra fe.
4.Intercesión:
Luego realizamos una oración de intercesión por la Comunión de los Santos, de
la Iglesia y todo el mundo y de los difuntos,
5. Doxología (Glorificación)
final: El sacerdote ofrece al Padre el Cuerpo y la Sangre de Jesús, y con Él,
por Él y en Él, en la unidad del Espíritu Santo, todas nuestras vidas, para
alabarlo y darle Gloria.
Comunión:
Nos
preparamos para compartir el Pan de Vida, realizando la oración que nos une
como hermanos, el Padre Nuestro, luego, viviendo el rito del saludo de la Paz,
(en dónde nos comprometemos a construir la PAZ de Jesús entre nosotros). Vamos
a comer de un mismo Pan de Vida, que se fracciona para enseñarnos que todos
somos parte de los mismo... Durante la Fracción del Pan rezamos el Cordero de
Dios. En procesión y cantando, nos acercamos a la mesa del Padre Dios. Todos
participamos de este momento de pie y cantando.
Acción
de Gracias: Es un momento de oración personal y comunitaria, que puede
ser acompañado por cantos, gestos...
·
DESPEDIDA:
Bendición,
despedida y envío: Todo lo vivido y celebrado, debe
impulsarnos a que ahora, transformados y fortalecidos por el Señor,
transformemos la realidad que nos rodea, y seamos testigos de Jesús en la
Historia. Como gesto de envío, durante la bendición, podemos recibir algún
recordatorio, realizar compromisos, etc. y el canto de salida puede realizarse
en procesión, cantando también fuera del templo, para anunciarle
a todos lo vivido.