Objetivos Generales: Percibir la necesidad de la oración, experiencia central de nuestro ser cristiano.
Valorar distintas experiencias de oración.
Apuntamos la proa a: Compartir los diversos modos de comunicación.
Recursos y materiales: Texto de Eduardo Galeano "Celebración de la Voz Humana" y canción “Por tu ausencia” (Baúl Nro. 11)
1. Se invita a relatar si alguna de las experiencias que nos cuentan el texto o la canción, las hemos vivido personalmente: ¿De qué manera hablamos, nos comunicamos? ¿Qué gestos y palabras son “imparables” y muy comprensibles?
2. También se puede jugar a "Dígalo con mímica" representando sentimientos, situaciones etc.
Herramientas del Animador
La motivación nos permite entender que el hombre necesita comunicarse con un otro, es fundamental para su constitución como persona. Y esta comunicación no es solamente a través del lenguaje hablado, sino que puede dialogarse de variadas formas, como ejemplo el caso de los sordomudos. O como muchas veces sucede, el sólo encuentro ya basta, porque no son necesarias las palabras.
Apuntamos la proa a: Compartir la propia experiencia de oración.
Actividad
1. Divididos en grupos pequeños se les entrega copias de los textos (una opción es dar el texto de Galeano a unos y la canción a otros).
2. A partir de ellos se buscan responder algunas preguntas:
a. ¿Estás de acuerdo con los textos?
b. ¿Por qué nos comunicamos? ¿Con quién lo hacemos? ¿Con quiénes no?
c. ¿Sentís que te comunicás con Dios? ¿De qué manera?
d. ¿Cómo es nuestra experiencia de oración? Es decir... ¿cómo rezamos?
e. Si no lo hacemos ¿cuáles son los principales obstáculos para que lo hagamos? ¿Qué nos lo hace difícil?
3. Una vez que cada grupo tuvo tiempo suficiente para compartir estas preguntas, se juntan todos en ronda con la consigan de compartir las preguntas e. y f.
Herramientas del Animador
Lo central de esta actividad es descubrir la necesidad que tenemos los hombres de comunicarnos con los otros; no podemos vivir aislados, necesitamos de los demás. Somos con otros. Todo diálogo implica “a dos”, y también un “ida y vuelta”. Sin esto último no hay diálogo, a lo sumo si transmisión, pero no verdadero encuentro. A través del diálogo nos entendemos con los otros, a veces éstos son sin palabras, pero igual intercambiamos gestos o miradas. Para hacerlo necesitamos tanto capacidad de escucha como de expresión y no hay manera mejor de adquirirlas que poniéndolas en práctica. Necesitamos "entrenarnos" en el diálogo, no surge solo. Lo mismo pasa con la oración, ya que si no vivo un camino de oración, de un día para otro no voy a lograr comunicarme con Dios.
Apuntamos la proa a: Valorar la oración como diálogo y encuentro con Dios.
Opción A:
Recursos y materiales: Texto de trabajo Baúl Nro. 12
Actividad
1. Se reparten copias del texto para cada uno, y se invita a un momento de lectura en silencio y a responder las siguientes preguntas guía:
a. ¿Vemos reflejado en el texto nuestra experiencia personal de oración?
b. ¿Qué rasgos positivos reconozco en mi práctica de oración?
c. ¿Algunos de los obstáculos que advierte el texto los vivo en mi propia experiencia de oración?
d. ¿El texto me aporta alguna propuesta para superarlos?
2. Compartimos en plenario lo que cada uno fue descubriendo.
Opción B:
Recursos y materiales: Texto de trabajo Baúl Nro. 13
Actividad
1. Se reparten copias del texto y se lee en forma personal, buscando cuales son las definiciones que coinciden con la propia forma de rezar.
2. En plenario, se los invita a compartir aquellas definiciones que a cada uno le gustaría poder vivir y a completar con alguna definición más que surja de la experiencia personal.
Apuntamos la proa a: Compartir un momento de oración comunitaria.
Ambientación y Recursos: Buscar un lugar tranquilo, puede ser la capilla o algún lugar propio de oración. Es importante que haya espacio para que se puedan sentar en ronda. Tener en el lugar una vela encendida y la Palabra.
Texto del Baúl Nro 14, biromes, Biblia.
Desarrollo
1. El animador o uno de los jóvenes proclama la Palabra (Lc. 11, 1 -4)
2. Se les entrega a cada joven el texto del Padrenuestro (para completar) y una birome. Deben hacerlo en forma personal. Se puede utilizar música tranquila de fondo mientras cada uno va completando y haciendo oración con el Padrenuestro.
3. Una vez que todos concluyeron, se sientan en ronda. Se invita a rezar un Padrenuestro que será la suma de todos. Para esto comienza uno por la primera frase (Padrenuestro que estás en...) y así van continuando los otros, una vez que se cumple con la ronda entera se comienza de nuevo con la segunda frase (santificado sea tu...).
4. Una vez concluido la oración se proclama Lc. 11, 9 -10. Se puede concluir con un canto.
Yo te canto con el corazón
yo te canto con mi voz
yo te canto de corazón
yo te canto con mi voz
y si me falta la voz
yo te canto con las manos
y si me faltan las manos
yo te canto con el corazón
y si me falta el corazón
es que en cielo estamos los dos.
Celebración de la Voz Humana (extracto) Eduardo Galeano (El Libro de los Abrazos)
Cuando es verdadera, cuando nace de la necesidad de decir, a la voz humana no hay quien la pare. Si le niegan la boca, ella habla por las manos, o por los ojos, o por los poros, o por donde sea. Porque todos, toditos, tenemos algo que decir a los demás, alguna cosa que merece ser por los demás celebrada o perdonada.
1. ¿Qué supone cualquier tipo de oración?
La oración supone una fe viva en Dios, que quiere comunicarse; es más, ya ha empezado a hacerlo. Es aceptar que es posible este encuentro y comunicación de Dios, porque ya lo ha hecho en multitud de casos con otras personas. Es estar convencido de que de eso depende mi salud, mi salvación, mi liberación.... todo mi ser.
2. ¿Qué clase de actividad es la oración?
Es más un saber escuchar a Dios que se nos da y se nos comunica, que hablar o estar haciendo cosas sin parar, o dedicarse a formular conceptos e ideas religiosas. Eso será más pensar que rezar.
Cuando entre dos personas hay un auténtico aprecio y estima, muchas veces no se precisa hablar, para saber lo que una está pidiendo a la otra. Cuando dos personas necesitan hablar y hablar y hablar... es porque no se conocen. Se puede dar un encuentro y una comunicación en el silencio y con el silencio. Si uno no es capaz de aguantar un silencio, estando con la persona que aprecia, significa que no hay intimidad. La oración es más actividad del corazón que de la mente.
3. ¿Cómo y dónde escuchar?
Escuchar lo que ha dicho a través de sus intermediarios: la Palabra de Dios, la Iglesia...
Saber escuchar lo que está diciendo a través de los acontecimientos, de las necesidades urgentes de los hombres y de lo que está sucediendo a mi alrededor, como hacían los profetas.
Saber escuchar lo que me está diciendo en estos momentos de mi vida.... saber leer los signos de mi vida.... lo que me está invitando en lo profundo del corazón y a través de mi conciencia...
Toda estas escuchas sólo se pueden hacer en oración y en contexto de oración:
- Dios tiene una palabra para cada persona.
- Dios tiene una palabra apropiada para cada uno.
Y para eso debemos...
A. Saber estar con Él. En la oración hay que perseverar; se requieren ratos prolongados (algunos minutos al empezar), sin prisas y sin forzar la cosa. A veces, se tratará sólo de estar con Jesús, sin decir nada, amando... Como se ve, es más cuestión de actitud que de decir cosas. La práctica de la oración ha de ser continua, constante, sin desfallecer: la oración, como camino de amistad y amor, requiere tiempo. Se consigue en un proceso lento, a veces difícil. Dios es distinto de nosotros y de cuanto nos imaginamos.... pero nos ama. Esta amistad exige tiempo, constancia y esfuerzo. No se debe confundir con la recitación de fórmulas o con el razonamiento que piensa; es más sencillo: reposar fielmente con el Señor, dándole alguno de nuestros ratos libres, que podremos sustraer de la tele o de leer revistas, el diario o ese ratito de música o de chachara insulsa con cualquiera... Es saber estar con Él.
B. Saber volcar el corazón. Manifestando los sentimientos y afectos y perseverando en ellos. Es más cuestión de corazón que de cabeza, y, si llegan la reflexión, la palabra, el diálogo que sean como el de las personas amigas que se quieren. Es saber volcar el corazón.
C. Saber escuchar a Dios. Sintiendo la respuesta desde dentro de uno mismo, discerniendo en nuestro interior qué es y qué no es la voluntad de Dios. Dejar que el Espíritu obre en lo profundo del corazón. Esto produce un conocimiento más vivo, y una atracción más profunda. Descubrir en nuestro interior lo que la Palabra de Dios nos indica: a través de esa percepción interior, propia del que está en contacto frecuente con ella. Aprender a leerla, a comprender lo que nos dice, lo que nos suscita... Hay que estar abiertos y "saber estar " para poder escuchar y poder contemplar y dar la respuesta apropiada; dar más importancia a la acción de Dios que a nuestra acción. Saber escuchar a Dios. Debemos saber escucharle, también, a través de esa otra palabra que se nos dice constantemente por medio de los acontecimientos y de las necesidades que se dan a nuestro alrededor; de la comunidad de creyentes que nos interprela, de nuestro grupo de jóvenes y que el Evangelio ilumina para que la sepamos entender.
D. Abandonarse a la acción de Dios. Dejar que esa palabra obre en nosotros para que sea penetrativa y eficaz. Dejar orar a Dios para que El ore en cada uno. No ponerle impedimentos, que sea Dios mismo el que crea, espere y ame por nosotros. Confiar en Él. Pero también dejarle obrar en nosotros, no poniendo obstáculos con nuestra prudencia humana o comodidad, que nos impulsa siempre a ir más allá. Su lógica, muchas veces, no es la nuestra. El pretende, poco a poco, llevar a la persona al desprendimiento. Saber dejar obrar a Dios.
4. Cuesta ponerse a escuchar
En la oración vale lo que realmente soy, y esto puede dar miedo a veces. Es más, da miedo. Por eso, a veces, se rehúye con tanta fuerza la auténtica oración, porque pensamos que no podemos con "lo que somos", porque a veces nos encontramos con nuestras macanas, con nuestra falsedad, con nuestra necesidad de salvación. Pero no podemos olvidar que Dios siempre sale a nuestros encuentro, Él ya nos está esperando. Quiere encontrarse con nosotros. Sólo con nosotros así tal como somos se puede dar auténtica comunicación. En esa comunicación auténtica, donde uno se pone a escuchar lo que es ante Dios y lo que Él pide. Aunque dé miedo, se ha de intentar. La dificultad radica en que uno no quiere lanzarse a esas profundidades, no quiere meterse en su interior para escuchar al Dios que habla. Prefiere estar haciendo otras cosas, aunque sea contar las moscas que circulan por el aire, a ponerse a escuchar a Dios. Uno se mantiene a esa distancia confortable, en que no se deja atrapar por Dios, siempre corriendo delante de El, considerándose persona religiosa y con fe. Así, todo lo que se hace suele ser infecundo a los ojos de Dios.
Te lo decimos en pocas palabras: estas son las distintas definiciones que podemos dar, vos enriquece más la cosa aportando desde tu experiencia más definiciones:
ORAR ES...
¼ escuchar a Dios que te habla.
¼ abrirse a aquello que Dios te propone desde siempre.
¼ ponerte disponible ante Dios para que pueda decirte una vez aquello que siempre quiere decirnos.
¼ recibir lo que Dios quiera darnos.
¼ abrirse al perdón que Dios nos propone.
¼ recibir a Dios que se nos ofrece.
¼ aprender a escuchar,
¼ abrirse a Dios para que nos abra a los demás.
¼ un momento de intimidad con Dios, es la apertura a la vida verdadera.
¼ descubrir que Dios nos ama.
¼ encontrar un tiempo de silencio,
¼ encontrar un tiempo para detenerse, para pensar, para hacer pasar delante del Señor los días, las horas,los acontecimientos, las personas.
¼ es encontrar un tiempo gratuito de alabanza, de contemplación del amor confiado de Dios.
¼ alzar un lamento, un grito de angustia, una petición de ayuda, una contemplación desde el dolor.
¼ hacer nuestra la oración de Jesús al Padre.
¼ tratar a Dios como a un amigo que está muy cercano.
¼ un estado del alma que mira a Dios sin palabras, únicamente para contemplarlo.
¼ admitir nuestras fallas y pobreza y caminar hacía Di os.
¼ experimentar en silencio Jesús presente y vivo en vos.
¼ descubrir a Dios presente y actuante en los sacramentos.
¼ sentirse parte de una comunidad que vive, actúa y anuncia en la presencia de Dios
¼ sencillamente, dejarte buscar y encontrar por Dios.
¼ permitir a Jesús que forme en vos un corazón pobre, liberado de personas y cosas.
¼ dejar que Jesucristo diga en tu interior ¡Abbá! (papá) en el dinamismo de su Espíritu.
¼ dejarse renovar por Dios.
¼ ponerse en actitud de diálogo con quien está allí, que escucha y que responde.
¼ creer que en el corazón de la noche existe la luz.
¼ descubrir la presencia constante y amorosa de lazos en lo cotidiano.
Orar es...
Orar es...
Orar es... AMAR
Que estas...
Santificado sea...
Venga a nosotros...
Hágase tu...
Danos hoy...
Perdona...
Como así también nosotros...
No nos dejes...
Y líbranos de...
Amén.