Objetivo General: Tomar conciencia que la vocación es un llamado al que respondemos con libertad en nuestra juventud, que elegimos y redefinimos cada día de nuestra vida.
Herramientas del Animador:
La vocación, como la misma palabra lo indica, es un llamado, una invitación a contestar preguntas tales como ¿Quién soy yo? ¿Hacia dónde voy? ¿Qué busco? ¿Quién es Dios para mí? ¿Cómo puedo concretar mis sueños? ¿En mis elecciones estoy siendo instrumento de Dios? ¿Qué implicancias tiene en mi proyecto de vida haber descubierto a Dios?... La búsqueda de las respuestas comienza en la adolescencia, pero continúa durante toda la vida. En este encuentro queremos descubrir que la vocación es un camino arduo, a veces turbulento, pero que siempre conlleva un aprendizaje.
Apuntamos la proa a: Prepararnos para responder a un llamado.
Recursos y Materiales: Un teléfono (dibujado o real) colocado en el centro del salón sobre una mesa.
Actividad "¿Atendés un llamado?"
1. Nos dividimos en grupos de cuatro, se elige un “capitán”.
2. El animador les dice que cada grupo va a recibir dos llamados, a los que deberán contestar con rapidez. El equipo que conteste correctamente y en menor tiempo será el ganador.
Apuntamos la proa a: Experimentar las diferencias entre dos “estereotipos” de llamados, el del acertijo y el de la construcción.
Recursos y Materiales: Papeles con las consignas del BAÚL Nº 1. Y elementos para construir algo: naipes, palillos, cajas, latas, etc.
Actividad "Acertijos y Construcciones"
Alrededor del teléfono están colocados los materiales, con un número 1 los acertijos, y con un número 2 la invitación a hacer una construcción. Cuando “el teléfono llama”, los capitanes se acercan y reciben una consigna a resolver:
Luego de realizado el juego, en plenario conversar sobre las diferencias entre los dos llamados: ¿En qué se diferencia el acertijo de la construcción? ¿Qué cosas facilitaron o dificultaron, responder a cada llamado?
El animador cierra este momento, realizando una comparación entre estos llamados y la vocación, puede utilizar el siguiente aporte:
Herramienta del animador:
Así como el acertijo tiene una única manera de ser resuelto, y las construcciones tienen formas múltiples, dependen de los materiales, la creatividad, el esfuerzo y los riesgos que cada uno asume, la elección y el ejercicio de la vocación a veces se compara con alguno de estos dos llamados. Vocación, quiere decir ser llamado a algo, ser convocado a vivir desde un determinado estilo de vida, el tema es reflexionar sobre si Dios nos propone “un acertijo” a resolver (con el gran riesgo del fracaso) o “una construcción”, en donde cada paso es una elección propia, que Dios acompaña.
Apuntamos la proa a: Profundizar en la vocación como un llamado a construir día a día el proyecto de vida.
Lectura de textos sobre la vocación:
Opción A: Cuento “El pájaro azul” (Baúl Nº 2)
Consiga: Responder personalmente o en grupo las siguientes preguntas:
¿Qué es para vos la Vocación? ¿Por qué?
¿Qué actitudes tuvo el príncipe? ¿Qué pasos fue dando?
¿Qué cosa le dio sentido a su vida?
Opción B: Ser llamados a ser.
Leer juntos el texto (Baúl Nº 3), buscando las frases más significativas y comentar: ¿Cuál es el fruto de descubrir a Dios como Padre? ¿En qué nos ayuda el pensar nuestra vida como semilla del reino? Dios quiere sostenernos para que descubramos que podemos confiar... aún en medio de la inseguridad y el fracaso. ¿Qué cosas te ayudan a confiar?
Herramienta del animador
La vocación no es “resolver un acertijo”, sino descubrir que Dios me llama a construir mi vida. Que él me ha regalado diversos dones, y que me acompaña en un camino en el que con esos regalos, iré creciendo y desarrollándome para ser feliz...
Apuntamos la proa a: Celebrar que Dios junto con la vida, nos regala el deseo de responder a su llamado.
Ambientación y Recursos: Preparar un pequeño altar, con la foto o el dibujo de un bebé y un cartel con Isaías 44, 1- 3 para que todos puedan leerlo. Preparar copias con las preguntas de la reflexión para cada uno.
Desarrollo
Imaginería: Agradecer el regalo de la vida. Sentados en ronda, y luego de ponernos en presencia de Jesús, realizaremos un breve ejercicio con nuestra imaginación. El animador guiará a los jóvenes para que imaginen situaciones o escenas en las que se sintieron cómodos y cuidados.
Guía para la imaginería: Vamos a colocarnos en una postura cómoda, cerremos los ojos y vamos a dejar volar nuestra imaginación. Intentemos “vernos a nosotros mimos”, hoy, imaginar nuestro rostro... ahora, intentemos recordar cómo éramos de niños, quizás a través de la imagen de alguna fotografía que conservemos... pensemos cómo era nuestro rostro cuando niños... Ahora, demos un paso más e intentemos imaginar, cómo éramos de bebés, al año, o a los pocos meses de vida... Podemos recuperar en nuestra memoria fotos, anécdotas que nuestros padres o abuelos nos hayan señalado de cómo éramos al nacer. Imaginémonos pequeños, indefensos... pero muy amados y cuidados... No sólo por nuestros mayores, sino por Dios.
En el mismo clima de silencio, y los jóvenes aún con los ojos cerrados, se proclama: Isaías 44, 1-5
Para trabajar en forma personal, se reparten las copias de la siguiente reflexión:
Hijos de Israel, a quienes yo elegí... El que los formó desde el seno materno
¿Alguna vez pensaste que desde toda la eternidad, el Padre Dios, te imaginó, te eligió?... Pensá cómo te preparó un lugar en el mundo, cómo “moldeó” tus virtudes, permitió tus defectos y sobre todo te dio dones que te hacen único:
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Porque en mi familia, soy capaz de... |
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Porque con mis amigos vivo... |
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Porque mis virtudes son... |
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Cuando veo que alguien sufre... |
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Me alegro de corazón si... |
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Y sueño con... |
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Elegí uno de los siguientes puntos para compartir con los demás:
· No teman hijos de Jacob, a quienes yo elegí para que me sirvan ¿Qué cosas te causan temor al pensar en tu vocación? ¿Creés que Dios te necesita y Confía en vos? ¿Por qué?
· Derramaré agua sobre el suelo sediento, y haré brotar torrentes en la tierra seca. Derramaré mi Espíritu... ¿Qué cosas, que realidades son para vos hoy “tierra sedienta”? ¿Y vos mismo, de qué sentís sed? ¿Qué personas, situaciones, son para vos “agua que calma tu sed” presencia del Espíritu de Dios en tu vida?
· Crecerán como hierba regada... ¿Qué sos capaz de plantar y ayudar a hacer crecer? ¿Qué sueños o proyectos te gustaría ayudar a hacer crecer?
· Uno dirá ”Yo soy de Yavé” ¿Qué quiere decir para vos “ser de Dios”?
Compartimos en plenario, el último punto de la reflexión.
Y cantamos “No olvides que una vez tu fuiste sol” (Baúl Nº 4).
BAUL DE MATERIALES
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E |
n una sección de la cárcel había 72 prisioneros, rodeados por cuatro corredores, tal como se ve en el dibujo. En cada celda había 9 hombres, y 3 celdas en cada corredor, o sea ocho celdas en total. Cada hora, el guardia recorría cada corredor, y contaba los hombres que había en las tres celdas, o sea 27 por cada corredor. El guardia no se molestaba en contar los reclusos que había en cada celda, ya que a veces se les permitía ir a visitar la celda de sus vecinos, pero siempre del mismo lado o corredor. De modo que, en alguna ocasión, podía ser que hubiera 11 hombres en una celda y 7 en otra, al cambiar dos de lugar. Pero el guardia se preocupaba siempre por controlar que hubiera 27 hombres en cada pasillo. Un día los presos se apoderaron de un llavero con duplicados de las llaves de todas las celdas. Encontraron entonces la manera de fugarse de a cuatro cada noche, de forma tal que, al pasar por cada corredor, el guardia siguiera contando 27 prisioneros. ¿Cómo se distribuyeron los reclusos en las celdas y durante cuantas noches les fue posible hacerlo antes de que el guardia se diera cuenta de la fuga?
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RESPUESTA: La primera noche, los presos se dispusieron así: Primera fila: 10 – 7–10 Segunda 7-7 Tercera: 10-7-10 Es decir, que se fugaron 4 y quedaron 68 en total. La segunda noche: 11-5-11; 5-5; 11-5- 11. Total 64 prisioneros. La tercera noche: 12-3-12; 3-3; 12-3-12. Total 60 prisioneros. La cuarta noche: 13-1-13; 1-1; 13- 13. Total 56 prisioneros. O sea que el método les sirvió durante cuatro noches, en las que se escaparon 16 reclusos y quedaron 56.
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U |
n auto sale de Córdoba en dirección a Buenos Aires a 60 kilómetros por hora; en el mismo momento parte de Buenos Aires para Córdoba otro automóvil, a 120 kilómetros por hora. Si la distancia entre ambas ciudades es de 700 kilómetros, ¿Cuál de los dos coches estará mas cerca de Buenos Aires al encontrarse en el camino?
RESPUESTA: Ambos autos estarán a la misma distancia de Buenos Aires, por supuesto, aunque vayan en dirección contraria.
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E |
l juez Velasco, un tipo muy distraído, había dejado un billete de $100 sobre su escritorio. Más tarde, cuando se dio cuenta de su distracción, volvió a buscarlo y se encontró con que había desaparecido. Solo tres personas de la casa tenían acceso al escritorio: la doncella, el mayordomo y el secretario del juez. Este último aseguró no haber visto nada sobre el escritorio. La doncella dijo: “Vi el billete, y para que no se volara, lo doble y lo puse debajo de ese libro rojo”. El juez se fijo debajo del libro, pero no vio ningún billete de $100. Luego hablo el mayordomo: “Sí, señor juez. Encontré el billete debajo del libro rojo, pero, pensando que podría perderse, lo puse dentro del libro, entre las paginas 133 y 134. El juez Velasco abrió el libro, pero no encontró ni rastros del dinero.
¿Cuál de los tres sospechosos lo había robado? ¿Cuál era la prueba de su culpabilidad?
RESPUESTA: El culpable era el mayordomo del juez Velasco, porque las páginas de todo libro son pares a la izquierda e impares a la derecha. Las paginas 133 y 134, en consecuencia, eran los dos lados de una misma hoja y era imposible colocar un billete entre ellas... el mayordomo había mentido.
Este es un antiguo cuento. Y también trata de un príncipe que comenzó a ponerse triste, y a enfermarse cada vez más. Iba perdiendo el apetito, las fuerzas y las ganas de vivir. Nadie acertaba con el remedio. La tristeza se apoderaba día a día de su alma y la enfermedad de su cuerpo. Como siempre sucede en estos cuentos, se consultaron a todos los médicos, adivinos y curanderos del reino. Cada uno decía una cosa diferente. No se ponían de acuerdo. Y el príncipe estaba que se moría.
Y volvieron a llamar al viejo sabio de la montaña, que vivía como ermitaño en medio del bosque de las laderas. Le dijeron que bajara pronto porque se estaba muriendo de pena, y nadie acertaba con lo que era bueno para su curación. Lo trajeron casi corriendo, por miedo a llegar tarde. Cuando al final los dejaron solos, el sabio anciano escucho largamente al joven príncipe que le descargo todo lo que llevaba en su corazón. Entre otras cosas le comento que amaba mucho las flores y los pájaros, pero que en su palacio no encontraba nada que valiera la pena. Que le habían hablado de otras regiones, con climas diferentes y bosques más tupidos donde las flores eran más bonitas y los pájaros mas fascinantes. Y que en verdad él se moría de pena por no tener esas flores y esos pájaros.
El anciano reunió entonces al rey y a todos los de la corte y les comunico que el príncipe se estaba muriendo de nostalgia. Que alguna vez había conocido un pájaro azul y que no se curaría hasta reencontrarse con él. Que el único remedio era que se largara por el reino y por el mundo en búsqueda de ese pájaro. Que solo hallaría la paz para su pobre corazón cuando lo encontrara. El rey le hizo preparar los mejores caballos, y lo equipó con las mejores armas de todo el reino. Y una mañana llena de sol el joven príncipe partió en búsqueda de lo que anhelaba. Recorrió todas las provincias buscando, siempre buscando. Encontró pájaros verdes, amarillos, colorados, violetas, anaranjados. Pero azul, lo que se dice azul: no encontró ninguno. Cruzo entonces la frontera y recorrió otros países. Y nuevamente pudo admirar aves de todo tipo, tamaño y colores. El pájaro azul, sin embargo, no se encontraba tampoco en aquellas tierras.
Y así fueron pasando los meses y los años. Los caballos fueron envejeciendo, y se iban muriendo de a uno. Las armas se fueron oxidando. Los cabellos de su cabeza comenzaron a ponerse blancos, cada vez mas blancos. Y su búsqueda continuaba cada vez con menos esperanzas. Hasta que al fin decidió regresar derrotado a su pueblo. Llegó un atardecer. Nadie lo reconoció ni salió a su encuentro. Llegó hasta el portón del palacio y allí dejó su vieja cabalgadura y sus armas herrumbradas. Cuando se decidía a ingresar por la puerta principal, vio la gran pajarera donde había tenido sus aves preferidas. Y descubrió con asombro el pájaro que buscaba. No era azul. Lo que se dice azul. Pero era el más azul de todos los que había visto en aquellos largos años de búsqueda. Búsqueda que lo había preparado para vivir con este hallazgo.
En 1998, el Papa Juan Pablo II durante la 36º Jornada Mundial por las Vocaciones, hacía esta iluminadora reflexión sobre qué es la vocación, siguiendo la oración del Padre Nuestro. Vamos a compartir algunas frases de este texto, que nos ayuden para descubrir cómo y a qué el Señor nos llama:
(Gaudium et Spes, 22). Misterio que sostiene el sentido de nuestra vida: no podemos dudar de nuestro valor como seres humanos. Tenemos la certeza y la alegría de que podemos ser felices y realizar una misión si de verdad descubrimos en ella el amor de nuestro Padre Dios.
Para la persona humana la fidelidad a Dios es garantía de fidelidad a sí mismo y, de esta manera, de plena realización del propio proyecto de vida. Toda vocación tiene su raíz en el Bautismo, cuando el cristiano, "renacido por el agua y por el Espíritu" (Lc 3,5) participa del acontecimiento de gracia que a las orillas del río Jordán manifestó a Jesús como "hijo predilecto" en el que el Padre se había complacido (Lc 3,22). En el Bautismo radica, para toda vocación, el manantial de la verdadera fecundidad. Como bautizados, no sólo hemos descubierto que de Dios nos viene la vida, sino que hemos VIVIDO la experiencia de que el Señor pronuncie sobre nosotros, la misma frase que dijo sobre Jesús: “Este es mi hijo amado en quien me complazco”. Si Dios se complace en nosotros, nada podemos temer...
La santidad, don que se debe pedir continuamente, constituye la respuesta más preciosa y eficaz al hambre de esperanza y de vida del mundo contemporáneo. La humanidad necesita presbíteros santos y almas consagradas que vivan diariamente la entrega total de sí a Dios y al prójimo; padres y madres capaces de testimoniar dentro de los muros domésticos la gracia del sacramento del matrimonio, despertando en cuantos se les aproximan el deseo de realizar el proyecto del Creador sobre la familia; jóvenes que hayan descubierto personalmente a Cristo y quedado tan fascinados por él como para apasionar a sus coetáneos por la causa del Evangelio.
No sólo nosotros deseamos ser felices, el mundo necesita de nuestra felicidad, si vivimos con plenitud, si respondemos fielmente al llamado de Dios, si nos apasionamos por nuestra propia vida, estaremos realizando un servicio a nuestros hermanos.
Dentro nuestro hay una “insospechable plenitud de vida“, esa fuerza es la que nos hace sentirnos insatisfechos, la que nos impulsa a ponernos siempre nuevas metas... pero coma la semilla, es frágil, y por eso está expuesta... miles de veces sentiremos que “no podemos” o que nuestros sueños son inalcanzables. Sin embargo el Señor nos da su confianza. Si Dios Reina, en la fragilidad descubrimos la abundancia.
Por eso el Santo Padre nos anima a que acojamos con generosa disponibilidad la semilla de la vocación que Dios ha depositado en nuestro corazón. Atrayéndonos a seguir a Cristo con corazón indiviso, el Padre nos invita a ser apóstoles alegres y libres del Reino. En la respuesta generosa a la invitación, nosotros encontraremos aquella felicidad verdadera a la que aspira nuestro corazón.
Para descubrirlo es necesario renunciar a una interpretación demasiado terrena de la vida, y poner en Dios el fundamento y el sentido de la propia existencia. Cuando nos descubrimos amados y elegidos por Dios, tenemos la confianza para responder sin presiones aún cuando el camino se hace difícil y hasta poco claro. La vocación es ante todo don de Dios: no es escoger, sino ser escogido; es respuesta a un amor que precede y acompaña. Para quien se hace dócil a la voluntad del Señor la vida llega a ser un bien recibido, que tiende por su naturaleza a transformarse en ofrenda y don.
No olvides que una vez tu fuiste sol
no olvides ni la tapia ni el laurel,
no dejes de asombrarte al asistir
a un nuevo nacimiento en tu jardín.
No pierdas una ventana,
no entregues tus mañanas
tus aguaceros y juegos,
ni desentierres tesoros viejos.
No ocultes lo que ayer se te ofreció,
no escondas ni la pena ni la dolor.
no dejes que una nube diga adiós,
no saltes en pedazos,
no ocultes tu diamante
no entregues tu perfecto amanecer,
ni tus estrellas, ni tu arena, ni tu mar
ni tu incansable caminar.
Vete de nuevo hasta el arroyo
donde está tu mejor canto.
Y ve, cálmale la sed a tus enormes prados,
no permitas que se pierda tu cosecha,
hoy que hasta la lluvia fiel,
no te ha escuchado, y busca tu raíz.
Y dale la caricia a la que siempre espera,
la única manera de hacerla que vuelva,
a ofrecerte frutos, hasta en el invierno.
Y no olvides que una vez tu fuiste sol
Y ve, desata esos diques de corrientes presas,
déjate llevar y vuelve a ser jinete,
baja hasta tus valles de palomas sueltas
que este es tu país.
Donde están tus riendas dónde está tu espuma
dónde abandonaste tu camino entonces,
donde naufragaste haz crecer mil rosas,
y no olvides que una vez tu fuiste sol