EL PECADO
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Objetivo. Dar a conocer las causas y consecuencias del pecado en nuestra vida.
NOTA: Este tema sigue después del tema del “Amor de Dios”.
oración inicial.
cantos y animación.
dinámica: Solo no puedes.
Comienza dando un pedazo de cinta adhesiva o pegamento a cada uno de los jóvenes
asegúrate de que todos tengan un pedazo.
Luego anuncia que van a realizar un concurso, pídeles que tomen la cinta
adhesiva y que se la peguen en la parte de atrás de la mano izquierda asegúrate
que todos lo hagan bien.
Una vez que todos lo hagan explica que el concurso va a dar inicio y que no se
vale hacer trampa. Se trata de ver quien puede quitarse la cinta de la mano
izquierda usando nada más que la propia mano izquierda.
Al percatarse que nadie puede, explícales que así es el pecado en la vida del
hombre.
Luego pídeles que con la mano derecha remuevan la cinta. Explícales nuevamente
que la mano derecha representa a Jesús que viene a ayudarnos y limpiarnos si
nosotros se lo pedimos.
La mano izquierda = el hombre
La cinta (tape) = el pecado
La mano derecha = Jesucristo
El remover la cinta = la libertad
EL PECADO
El tema anterior se trató del amor de Dios. Sin embargo, ante la realidad de
nosotros mismos y todo cuanto nos rodea surgen algunas preguntas muy lógicas:
Si Dios nos ama, ¿por qué a nivel personal se vive con tantas inseguridades,
temores, envidias insatisfacciones, desequilibrios emocionales, competencia,
angustia, tristeza y limitaciones, y no experimentamos su amor? Si Dios nos ama,
¿por qué a nivel comunitario las familias se desintegran, los hijos se rebelan
contra los padres, hay luchas de generaciones, competencias y odios de unos para
con otros?
Si Dios nos ama, ¿por qué la guerra, el hambre, la pobreza, la injusticia, la
discriminación, la opresión y la falta de libertad? ¿Por qué no vivimos a nivel
social el maravilloso plan de amor, justicia y paz?
En el fondo late la siguiente inquietud: Si Dios nos ama, ¿por qué no lo
experimentamos? ¿por qué nuestro mundo no es un paraíso donde se viva en
armonía, paz y justicia?
A.-El problema
Antes de querer solucionar el problema debemos conocer claramente cuál es él. Si
un problema no está bien planteado jamás se encontrará la solución.
Cuando se nos descompone un automóvil vamos con el mecánico para que nos diga
cuál es la falla. Cuando se nos descompone el reloj le pedirnos al relojero que
nos lo componga. Pero, cuando se nos descompone la vida ¿a quién debemos
recurrir? Y si el mundo no marcha adecuadamente hemos de preguntarle al Creador
del mundo qué es lo que está sucediendo,
El, en su Palabra, nos dice:
Porque todos pecaron, todos están privados
de la manifestación salvífica de Dios:
Rom 3,23.
0 sea, que lo que impide que en nuestro mundo se manifieste el amor de Dios y se
realice su plan de felicidad, paz y unión se llama pecado. El pecado es la causa
de todos los males que aquejan a la humanidad.
Dios ha hecho caer un diluvio de amor sobre nosotros, pero nosotros estamos bajo
un cristal irrompible. que nos permite ver llover; pero nosotros no nos mojamos
con el Agua Viva del amor de Dios. El pecado es ese impedimento que no nos
permite experimentar el amor de Dios.
Desde que en el paraíso Satanás engañó a nuestros primeros padres haciéndoles
creer que por sus propias fuerzas podrían alcanzar su felicidad y realización
humana comenzó todo el desastre en que vivimos:
- el hombre se alejó de Dios, fuente de la vida.
- se separó de su mujer, acusándola de ser la culpable.
- se enemistó con la creación que se rebeló contra él.
Desde entonces comenzaron los odios, rencores y resentimientos. Inmediatamente
después el más fuerte (Caín), mató al más pequeño (Abel). Dieron inicio las
guerras, las injusticias, el afán por las riquezas y todo el mal que existe en
el mundo
El problema que tenemos es que somos pecadores, y por tanto, alejados del amor
de Dios.
Lo peor es que no podemos evitarlo, porque el pecado no es algo que podamos
impedir que entre a nosotros, sino algo que sale del fondo de nuestro propio
ser: Mc 1,14-15.
¿Por qué un árbol de limones da siempre frutos agrios y ácidos y no dulces y apetitosos? Por la simple razón de que tiene raíces de limón y no puede dar sino limones. Así también nosotros, manifestarnos frutos de pecado porque nuestra raíz, el corazón, es de pecado. Necesitaríamos que alguien nos cambiara el corazón...
Nosotros somos pecadores, por eso precisamente pecamos. Porque nuestra raíz es
de pecado, apárecen lógicamente frutos de pecado.
Cuando el rey David reconoció y confesó su pecado, dijo que había pecado porque
desde que su madre lo concibió, él ya era pecador: Sal 51,7:
Mira que en la culpa nací,
pecador me concibió mi madre.
El pecado es como nuestra sombra, inseparable de nosotros. Sólo hay dos maneras
de que no tengamos sombra.
- Estar en la completa oscuridad, lo cual resulta aun peor.
Ser luz, porque la luz no tiene sombra, pero esto resulta imposible para la
fuerza humana, Querer salvar la vida por nuestras propias fuerzas es hundirnos
más en la desesperación de la impotencia.
Cuando comenzaron a enviar los primeros cohetes espaciales a la luna el problema
principal que existía era que no tenían la suficiente fuerza para llegar hasta
allá y entonces caían a tierra. Incluso, entre mas alto subían, más fuerte se
desplomaban, destruyéndose completamente. Eso mismo nos pasa a nosotros cuando
con nuestras propias fuerzas y medios queremos alcanzar la felicidad, y la
realización de nuestra vida.
Cuando buscamos por caminos falsos materialismo, humanismo sin Dios, comunismo o
capitalismo, etc.
Cuando creemos en ídolos falsos: satanismo, brujería, curanderismo, control
mental, meditación trascendental, conocimiento del futuro, etc.
- Cuando dependemos de nosotros mismos: el cumplimiento de una ley, nuestra
justicia propia, nuestras buenas obras, etc.
Somos ciegos incapaces de atinar el camino. Y ningún otro nos puede ayudar
porque, como nosotros, él es también ciego. Necesitamos un poder de lo Alto que
no tenemos.
Dos hombres borrachos. se subieron a una barca para pasar a la otra orilla del
río. Ya estaba oscuro y ellos remaron toda la noche sin conseguir llegar al otro
lado. Al amanecer, y ya habiéndoseles pasado un poco la borrachera, se dieron
cuenta que ni siquiera habían avanzado un solo metro, ya que la barca había
permanecido amarrada en la orilla del río.
También nosotros estamos amarrados por el lazo del pecado, el cual no nos
permite, por más esfuerzo que hagamos, el llegar hasta la orilla de la
salvación. Ni nuestras buenas intenciones, ni nuestras obras, ni nuestra propia
justicia son capaces de alcanzarnos la salvación.
Y no importa cómo sea ese lazo. Un pajarito no puede volar si está atado por una
cadena de acero o por un hilo delgado, de todas maneras no puede volar.
Necesitamos, alguien que desate el lazo del pecado ...
El pecado es, básicamente, no creerle a Dios; no confiar en El porque
confiamos más en nosotros mismos. Creer más en nosotros que, en El. Preferirnos
a nosotros y negarlo a El No querer depender de su voluntad. Hacer la vida por
nuestra propia cuenta. Es tener ídolos en nuestra vida: y por ídolos hemos de
entender todo lo que de alguna manera suplanta a Dios.
Pecado es todo lo que no proviene de la fe en Dios: Rom 14,23; toda actividad
contraria a la fe o actitud de desconfianza.
Los pecados son todas las formas concretas con las que manifestamos que estamos
creyendo en nosotros mismos, en nuestros caminos y medios para conseguir la
felicidad y realización personal. Odios, injusticias, robos, abusos de sexo,
asesinatos, egoísmos y orgullo son fruto del pecado.
El pecado hace más daño al hombre que a Dios, por eso El no quiere que pequemos-
tanto así nos ama:
El que me ofende hace daño a su alma:
Prov. 8,36.
En resumen, el pecado es apartarnos de Dios que es la Vida, y por tanto, entrar
en la Muerte:
El salario del pecado es la muerte:
Rom 6,23.
B.-La mala noticia
El hombre tiene un problema que no puede solucionar y un enemigo al que no puede
vencer.
El hombre, con toda su ciencia y todo su poder, no es capaz de echar abajo al
Príncipe de este mundo, ni quitar el pecado del mundo: hace el mal que no quiere
y no hace el bien que se propone.
El hombre es de naturaleza pecadora, por eso peca. Por tanto el hombre no puede
cambiarse a sí mismo. Por sus propias fuerzas no es capaz de renovarse, hacerse
criatura nueva, cambiar su corazón, solucionar el problema de su existencia.
El hombre no puede salvarse a sí mismo, porque todo el que quiere salvar su vida, la pierde. Ningún hombre se puede salvar por si mismo. Por tanto, tampoco ningún hombre puede salvar a otro hombre. Un ciego no puede guiar a otro ciego, pues los dos se caerían de cabeza al pozo. El hombre tiene un problema que el hombre no puede solucionar. Esta es la peor de todas las noticias que podemos escuchar, Y, sin embargo, es la verdad. Ningún periódico o noticiero, tan lleno siempre de noticias negativas, ha dado todavía una noticia tan mala como ésta. El día que el hombre quiso ser Dios en el Paraíso se hundió en el absurdo. El día que el hombre quiso construir la torre de Babel que alcanzara el cielo, fracasó. ¡El hombre no puede llegar a Dios!
C.-Satanás y sus obras
Dios tiene un enemigo personal que trata de alejar a sus hijos con engaños y
perversiones: se trata de Satanás que es el príncipe de la mentira.
Desde un principio se rebeló contra Dios y trató de perder a nuestros primeros
padres en el Paraíso, haciéndoles creer que por sus propias fuerzas y medios
podían llegar a ser como Dios.
Su principal característica es ser homicida, ya que al separarnos de Dios que es la Vida, nos conduce a la Muerte.
A través de sus mentiras nos hace creer que por nuestras propias fuerzas y
capacidades alcanzaremos felicidad, seguridad y salvación.
Nos presenta el poder mundano como fuente de felicidad. Nos engaña con el
materialismo y el consumismo, haciéndonos creer que en la medida en que
poseemos, más cosas, somos más hombres. Nos seduce con apariencias exteriores
que no transforman el corazón humano.
De una manera especial actúa e influye a través de todo esoterismo y ocultismo,
lo cual es un pecado contra la fe, ya que no es sino la falta de confianza en el
único Dios verdadero, fabricándose ídolos en los cuales se pone dicha confianza.
Por tanto, es absolutamente necesario pedir perdón a Dios por ese pecado y luego
renunciar a esos ídolos para abrir las puertas a la luz de Dios. Nuestro Dios no
acepta compartir nuestro corazón. No es posible servir a dos señores.
Asi como los efesios quemaron todos sus libros de magia (Hech 19,19), asi es
necesario que nos desprendamos de todo amuleto, fetiche, artículo de la buena
suerte o literatura esotérica. Quien tiene a Dios como Padre providente no
necesita de ninguna de esas cosas. Sería como tener un repuesto para cuando Dios
nos fallara. Esto es inconcebible.
Pero más importante aun es que decidamos con toda la libertad de nuestra
voluntad no depender de nada ni de nadie que no sea Dios, a saber: todo
espiritismo y espiritualismo, curanderismo y adivinación, limpias, lecturas de
la mano, café o cartas; astrología y horóscopos, contacto con los muertos y
afiliación a sectas diabólicas.
Si se ha tenido algo que ver con estas cosas (aunque sea por curiosidad o por
juego) es necesario hacer una renuncia explícita a todo ello.
D.-Reconoce tu problema
Jesús era muy comprensivo con todos los pecadores. Comía con ellos, se dejó lavar los pies por una prostituta, y entre sus seguidores incondicionales había gentes de mala reputación. Nunca rechazó, juzgó ni condenó a ningún pecador. Con los que nunca pudo entenderse y comunicarles la vida en abundancia, fue con los que se creían buenos y perfectos. Con ellos fue muy duro y violento. Hasta llegó a llamarlos: "raza de víboras, sepulcros blanqueados".
El peor pecador es el que no reconoce su pecado (Martín Lutero). Lo peor
que nos puede pasar no es pecar sino no reconocer nuestro pecado.
Ciertamente somos pecadores, pero si lo reconocemos tendremos una gran ventaja,
ya que sólo los enfermos pueden ser sanados y sólo los muertos pueden ser
resucitados.
Cuando un ciego cree ver y no reconoce su limitación, jamás va a encontrar la
ayuda necesaria para salir de su problema:
Si fueran ciegos no tendrían pecados pero
como dicen: "vemos", su pecado permanece.-
Jn 9,41.
Cada año,
con motivo de las fiestas de aniversario de su coronación, el rey liberaba a un
prisionero. Cuando cumplió 25 años de monarca, él mismo quiso ir a la prisión
acompañado de su primer ministro y toda la corte para decidir a cuál prisionero
iba a liberar.
Cada uno de los encarcelados, pensando que podría ser el agraciado, preparó su
discurso de defensa para exponerlo ante el rey .
- Majestad -dijo el primero-, yo soy inocente. Un enemigo me acusó falsamente, y
por eso estoy en la cárcel.
A mí -añadió otro- me confundieron con un asesino,
pero yo jamás he matado a nadie,
- El juez me condenó injustamente -dijo un tercero.
Así, todos y cada uno manifestaban al rey por qué razones merecían precisamente
la gracia de ser liberados.
Había un hombre en un rincón, que no se acercaba, y, entonces le preguntó el
rey:
- Tú, ¿por qué estás aquí?
- Porque maté a un hombre, majestad. Soy un asesino.
-Y ¿por qué lo mataste?
- Porque yo estaba muy violento en esos momentos ...
- Y ¿por qué te violentaste?
- Porque no tengo dominio sobre mi enojo...
Pasó un momento de silencio mientras el rey decidía a quién liberaría. Entonces
tomó el cetro y dijo al asesino que acababa de interrogar:
- Tú sales de la cárcel ...
Pero, majestad -replicó el primer ministro-, ¿acaso no parecen más justos
cualquiera de los otros?
Precisamente por eso -respondió el rey-, saco a este malvado de la cárcel para
que no eche a perder a todos los demás que parecen tan buenos.
El único pecado que no puede ser perdonado es el que no reconocemos. Es
necesario confesar que somos pecadores y no tan buenos como muchas veces
tratamos de aparentar.
- Leer la parábola del trigo y la cizaña donde Jesús desentraña el misterio del Mal en el mundo.
- Leer la parábola de el fariseo y el publicano, para darse cuenta que sólo quien confiesa sus limitaciones es capaz de recibir la ayuda adecuada.
Tema adaptado del libro "ID Y EVANGELIZAD A LOS BAUTIZADOS"
Autor: José H. Prado Flores.
Pastoral Juvenil Coyuca
Parroquia de San Miguel Arcángel, Coyuca de Benítez Gro. México